¿Sueña con empezar de nuevo en Marte para escapar del fin del mundo? ¡Más vale que recupere el sentido común antes que el traje espacial! Según el astrofísico Adam Becker, ni siquiera un apocalipsis nuclear haría de Marte un lugar más habitable que nuestro imperfecto y fascinante planeta azul.
El ambicioso plan de Elon Musk para Marte: ¿una alternativa real o ciencia ficción?
Elon Musk, CEO de SpaceX, no cesa de proclamar su objetivo de convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria. La clave de su visión reside en la colonización de Marte, considerado como un posible “plan de contingencia” ante una catástrofe en la Tierra. Su propuesta incluye ideas audaces como bombardear los polos con energía nuclear, desplegar espejos gigantes en el espacio y construir invernaderos climáticos. Sin embargo, para Adam Becker, astrofísico y autor, este plan se asemeja más a una fantasía tecnológica desconectada de las leyes físicas que a una estrategia viable.
Marte contra Tierra: un duelo por la habitabilidad
Becker es directo: incluso en los peores escenarios, la Tierra seguiría siendo más hospitalaria que Marte. Sus argumentos son contundentes. A pesar de una posible devastación global, nuestro planeta conservaría elementos esenciales para la vida:
- Una atmósfera respirable (olvídese de respirar a través de pajitas de titanio).
- Una gravedad adecuada para nuestros huesos y órganos.
- Disponibilidad (o al menos acceso) a agua.
- Protección natural contra la radiación cósmica.
En Marte, la vida solo sería posible dentro de estructuras presurizadas. Y, tal como señala Becker, cualquier fallo en los sistemas de soporte vital supondría la muerte inmediata. ¿Suena realmente atractivo?
¿Podemos transformar Marte en una “Tierra 2.0”?
La idea de convertir Marte en una réplica de la Tierra puede resultar tentadora… hasta que se analizan los desafíos insuperables. Incluso si se liberara todo el CO₂ almacenado en el planeta rojo, utilizando métodos cuestionables como detonar explosivos nucleares en los polos, la presión atmosférica marciana alcanzaría apenas el 7% de la terrestre. Una cifra muy por debajo de lo necesario para vivir sin un traje presurizado. A esto hay que añadir el enorme esfuerzo y el coste astronómico que implicaría transportar materiales, alimentos, agua y personas a 55 millones de kilómetros de distancia.
- ¿Cúpulas climáticas como solución definitiva? Cualquier avería sería fatal.
- ¿Superar la escasez de agua y la radiación? Solo en las novelas de ciencia ficción…
En resumen, vivir en Marte equivaldría a residir permanentemente en una cápsula sellada, sin la posibilidad de disfrutar del aire libre.
El privilegio de la “canica azul” y la ilusión de una escapada
¿Y si aceptamos la realidad? No existe, por el momento, un plan B interplanetario creíble. Nuestra prioridad debe ser proteger esta joya azul suspendida en el vacío, el único refugio conocido para la vida.
Tras cientos de miles de años de adaptación a un entorno terrestre en constante evolución, los seres humanos (y todas las demás especies vivas) estamos perfectamente adaptados para sobrevivir aquí y en ningún otro lugar. Por mucho que Musk sueñe –o, según Serge Rochain, viva en la irrealidad–, la idea de trasladarnos masivamente a Marte se asemeja más a una quimera que a una posibilidad realista.
Por lo tanto, antes de fantasear con explotar los polos de Marte o mudarnos con la familia a un desierto helado, quizás sea prudente recordar que nuestra mejor y única opción, por ahora, es cuidar la Tierra. No hay planeta B, ni siquiera con la ayuda de todos los cohetes de Elon Musk.
