La música que nos atrapa y tarareamos sin cesar no es producto del azar, sino de patrones matemáticos subyacentes. Investigaciones recientes revelan que las melodías pegadizas a menudo se basan en relaciones numéricas específicas que afectan la forma en que nuestro cerebro procesa y recuerda la música.
Un estudio realizado por la Universidad de Cambridge, liderado por el Dr. Marcus Pearce, ha profundizado en la comprensión de estos patrones. Pearce y su equipo analizaron miles de canciones populares para identificar las características matemáticas comunes que contribuyen a su atractivo. Descubrieron que las melodías con intervalos predecibles y ritmos consistentes tienden a ser más memorables.
La clave reside en la “complejidad predictiva”. Nuestro cerebro busca patrones, y cuando una melodía presenta un equilibrio óptimo entre lo familiar y lo inesperado, se activa el sistema de recompensa, generando una sensación placentera. Las melodías demasiado predecibles resultan aburridas, mientras que las demasiado caóticas son difíciles de procesar.
El estudio también encontró que la proporción áurea, un concepto matemático presente en la naturaleza y el arte, aparece con frecuencia en la estructura de las canciones populares. Aunque la relación exacta con la percepción del atractivo musical aún se está investigando, sugiere que existe una conexión profunda entre las matemáticas y la estética musical.
Estos hallazgos tienen implicaciones potenciales para compositores, productores musicales y hasta para la creación de algoritmos de inteligencia artificial capaces de generar música original y atractiva. Comprender los principios matemáticos que subyacen a la música popular podría abrir nuevas vías para la innovación en la industria musical.
