En 2016, el ciclista australiano Matthew Hayman alcanzó una victoria sorprendente en la París-Roubaix, un resultado que no solo destacó por lo inesperado del triunfo, sino también por el equipamiento utilizado.
Un cambio de paradigma técnico
La victoria de Hayman marcó un punto de inflexión en la historia tecnológica de la competición. El corredor logró el éxito a bordo de una bicicleta aerodinámica, específicamente el modelo Scott Foil proporcionado por su equipo Orica-BikeExchange.
Este hecho inició una nueva era en la París-Roubaix, desplazando el uso de las bicicletas diseñadas exclusivamente para la resistencia y abriendo paso al predominio de la tecnología aero en una de las carreras más exigentes del calendario ciclista.
