Patrullas de soldados, boutiques de lujo barricadearon sus escaparates y protestas generalizadas marcaron las ciudades italianas el 24 de octubre de 2026, mientras las autoridades desplegaban fuertes fuerzas de seguridad para evitar que se repitieran la grave violencia urbana y los saqueos estallados el fin de semana anterior debido al encarecimiento del coste de la vida y la presión inmobiliaria.
Las calles de Milán, Roma y Turín vivieron este sábado una jornada de fuerte tensión contenida, con miles de jóvenes manifestándose bajo la atenta mirada de un contingente masivo de policía y tropas del ejército desplegadas en puntos estratégicos. La movilización respondió a una nueva convocatoria contra el encarecimiento de la vida, la vivienda y las políticas de austeridad del gobierno de la primera ministra Giorgia Meloni.
Despliegue militar y comercios blindados en el centro de Milán
En la capital financiera e industrial de Italia, el ambiente era de estricta prevención. Los escaparates de las boutiques de lujo en el distrito de la moda, incluyendo establecimientos de Omega, Tiffany y Gucci, amanecieron completamente tapiados con paneles de madera. La tienda de Apple también echó el cierre y permaneció inactiva durante toda la jornada, según informó la agencia Associated Press.
El gobierno de Meloni ordenó el envío adicional de 500 soldados de la Brigada de Paracaidistas Folgore a Milán. Este contingente de élite se sumó a los cientos de militares ya estacionados en la ciudad y a unos 5.000 agentes de policía y fuerzas de seguridad. A diferencia de los graves disturbios del fin de semana anterior —cuando grupos de manifestantes destrozaron tiendas y saquearon comercios de calzado y ropa deportiva cerca de la plaza del Duomo—, la protesta milanesa del sábado concluyó de forma pacífica frente a la Universidad Politécnica, a más de tres kilómetros del centro.
Cae bajo investigación el supuesto organizador del Movimiento 17 de Octubre
Las autoridades policiales centraron parte de sus esfuerzos en desarticular la estructura organizativa detrás de las protestas. La policía detuvo e interrogo a un investigador y periodista freelance de origen italiano-marroquí de 30 años, señalado por los investigadores como el presunto cerebro detrás del October 17 Movement
, el grupo de redes sociales que convocó las marchas.
El ejecutivo italiano respondió a la crisis legislativa aprobando un decreto de seguridad que endurece las penas para los amotinados y facilita la detención de menores. Las estadísticas oficiales revelan que fueron detenidas 32 personas, entre ellas 23 menores y 13 extranjeros, un perfil que las autoridades señalan integrado por menores que formaban gran parte de los manifestantes violentos y jóvenes de segunda generación junto con ciudadanos extranjeros.
Reacciones políticas y protestas extendidas por el continente europeo
El malestar social no se limitó a Italia. El descontento por la crisis económica sacudió simultáneamente a varias capitales europeas, desde Madrid y Lisboa hasta Tirana. En la capital albanesa, la policía antidisturbios empleó cañones de agua contra grupos que lanzaron objetos y prendieron fuego a edificios gubernamentales.

En el ámbito político local de Milán, el alcalde de centroizquierda Giuseppe Sala, en el cargo desde 2016 y sin intención de concurrir a la reelección, instó a los comerciantes a mantener los establecimientos abiertos para evitar que el miedo paralizara la actividad urbana. Por su parte, el candidato a las primarias de centroizquierda para los comicios de 2027, Pierfrancesco Majorino, se sumó a los manifestantes del sábado y destacó el carácter pacífico que mantuvo la marcha durante su recorrido.

Riccardo Ponzio declaró a Reuters: «Creo que las imágenes de la semana pasada fueron verdaderamente algo terrible, especialmente para los jóvenes, para los estudiantes, para la gran mayoría de las generaciones más jóvenes que quieren estudiar… y no aceptan estar representados por aquellos que utilizan los problemas y las necesidades para devastar ciudades enteros».
Mientras el gobierno mantiene el despliegue militar y las nuevas restricciones legales para frenar la violencia urbana, queda por dilucidar cómo el ejecutivo canalizará el profundo descontento económico de una generación que reclama soluciones habitacionales y estabilidad laboral en medio de un clima de creciente tensión social.
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