El 10 de enero de 1926, Yanagi Sōetsu y los ceramistas Hamada Shōji y Kawai Kanjirō pasaron la noche conversando animadamente en un templo en el monte Kōya, en la prefectura de Wakayama, Japón.
Debatían la mejor manera de honrar la belleza de la artesanía japonesa simple y cotidiana. De esa conversación surgió una nueva palabra, mingei, y el plan de fundar el Museo de Artesanía Popular de Japón en Tokio. Más tarde, Yanagi describiría lo que surgió esa noche como “un nuevo estándar de belleza”.
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Un siglo después, las ideas de Yanagi resultan sorprendentemente relevantes. Su mensaje era simple: los objetos hermosos no necesitan ser raros o caros, sino que pueden ser objetos bien diseñados que usamos a diario.
En una época de moda rápida, productos desechables y una creciente preocupación por los residuos, su enfoque ofrece un importante recordatorio para reflexionar sobre los objetos que elegimos tener a nuestro alrededor.
Cómo nació el mingei
Yanagi (1889-1961) fue un crítico de arte y coleccionista que creía que la belleza no era exclusiva de artistas famosos o tesoros raros. Él y sus amigos se sintieron atraídos, en cambio, por objetos bien hechos y funcionales: cuencos, cestas, telas y herramientas creadas para el uso diario, en lugar de para la exhibición.

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Para Yanagi, estas cosas simples daban forma al ritmo de la vida cotidiana, pero habían pasado desapercibidas en un mundo que se apresuraba hacia la producción masiva moderna.
Lo atractivo radicaba en observar detenidamente. Yanagi lo describió como “ver con los propios ojos antes de diseccionar con el intelecto”. Admiraba el trabajo de artesanos anónimos que repetían formas familiares, refinándolas a través de largos períodos de práctica.
Estos creadores no buscaban la fama; su objetivo era crear objetos que equilibraran la belleza y la función de forma tan completa que fueran inseparables.
Japón en la década de 1920 estaba cambiando rápidamente. Los productos fabricados en masa estaban reemplazando a los hechos a mano, y muchas tradiciones artesanales locales estaban en declive. A Yanagi le preocupaba que este cambio borrara habilidades y debilitara el vínculo entre la belleza y la vida cotidiana. El mingei pretendía devolver esta conexión a la vista.
Yanagi, Hamada y Kawai acordaron que necesitaban una nueva palabra para el tipo de objetos que querían celebrar. De minshuteki kōgei, que significa “artesanía del pueblo”, acuñaron el término más corto mingei. Describe objetos hechos para el uso, no para el prestigio, y a mano, no a máquina. Yanagi creía que estos objetos formaban el verdadero corazón de la artesanía japonesa.
Un año después de su conversación en el monte Kōya, el grupo celebró su primera exposición de artesanía popular en Ginza. Ninguna de las obras llevaba firmas. La exposición tenía como objetivo fomentar una nueva forma de ver los objetos humildes, sugiriendo que las cosas cotidianas tenían valor artístico cuando se observaban con atención.

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Cómo el mingei moldeó el diseño japonés
Las ideas de Yanagi influyeron en la artesanía y el diseño japoneses a lo largo del siglo XX, impactando no solo a los artesanos, sino también a los diseñadores.
Su hijo, Yanagi Sōri, adoptó los principios del mingei en su famoso Taburete de Mariposa de 1954, hecho con dos piezas curvas de contrachapado que se unen como alas. Simple, equilibrado y ligero, el taburete es ahora un icono del diseño moderno, que muestra cómo el mingei podía tomar forma en nuevos materiales y contextos.

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El movimiento también influyó en el trabajo de Hamada y Kawai, y de muchos otros creadores, como Tomimoto Kenkichi, Serizawa Keisuke, Munakata Shikō y el inglés Bernard Leach. Demostraron cómo la artesanía tradicional practicada con cuidado y humildad podía seguir siendo vital en un mundo en rápido cambio.
Otra rama del legado de Yanagi surgió con el auge del seikatsu kōgei, o “artesanía para el estilo de vida”, en la década de 1990. Estos creadores se centraron en objetos simples y funcionales para reconsiderar cómo vivimos. Tras la explosión de la burbuja económica japonesa en la década de 1980, muchos comenzaron a cuestionar el hábito de comprar y desechar.
Por qué las ideas de Yanagi son importantes hoy en día
La influencia del mingei continúa en el diseño contemporáneo. Fukasawa Naoto, uno de los diseñadores más influyentes de Japón y el actual director del Museo de Artesanía Popular de Japón, pretende crear objetos que funcionen de forma tan natural que parezcan desaparecer en la vida cotidiana.
Describe esto como un diseño “sin pensar”: cosas que se sienten bien en la mano, se adaptan a su propósito y no exigen atención. Su larga colaboración con MUJI, conocida por sus productos minimalistas, muestra lo estrechamente que su trabajo sigue el espíritu del mingei.
Esta forma de pensar contrasta marcadamente con la forma en que se fabrican muchos productos hoy en día. Una cultura de compra rápida y descarte rápido ha dejado a las personas desconectadas del acto de crear, de los materiales y de las cosas que poseen.

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El mingei ofrece una forma alternativa de pensar. Nos invita a observar detenidamente los objetos que usamos a diario, a notar su forma, tacto y propósito. Sugiere que la belleza debe ser parte de la vida cotidiana, no una escapada de ella.
Yanagi creía que si cambiamos la forma en que vemos y elegimos las cosas ordinarias, también podríamos cambiar la forma en que vivimos. Un siglo después, su llamado a valorar los objetos simples y bien hechos ofrece una guía firme en nuestro mundo impulsado por las ganancias y el descarte.
