La misión Artemis II ha marcado un hito histórico al convertirse en el primer vuelo tripulado hacia las cercanías de la Luna en 50 años. Este despliegue, que representa un paso fundamental para el retorno a largo plazo al satélite natural y futuras misiones hacia Marte, puso a prueba capacidades críticas de navegación y supervivencia en el espacio profundo.
Lanzada el 1 de abril de 2026, la misión contó con una tripulación de cuatro astronautas a bordo de la nave espacial Orion, impulsada por el cohete SLS (Space Launch System). Con una duración total de 10 días, el Artemis II Lunar Flyby permitió que la tripulación superara el récord de la distancia más lejana alcanzada por seres humanos en el espacio.
Hitos de la misión y regreso a la Tierra
Durante el trayecto, la misión alcanzó puntos clave en su cronograma. En el día 6, la tripulación completó el histórico sobrevuelo lunar. Posteriormente, en el día 7, se llevó a cabo la primera maniobra de corrección para el regreso y los astronautas realizaron una llamada de larga distancia mientras iniciaban su retorno hacia la Tierra.
El objetivo principal de este vuelo fue demostrar la operatividad de los sistemas de soporte vital y navegación necesarios para misiones de espacio profundo, sentando las bases para los próximos aterrizajes en la superficie lunar.
Colaboración académica: Seguimiento desde Canadá
Más allá de la infraestructura oficial de la NASA, la misión contó con el apoyo de grupos internacionales para el monitoreo de la nave. Entre ellos, destaca un equipo de ingenieros eléctricos de la Universidad de Novel Brunswick (UNB), quienes fueron seleccionados para rastrear la nave espacial denominada Integrity.
Este equipo, compuesto por el profesor de comunicaciones Brent Petersen y cinco estudiantes, es la única universidad canadiense entre los 34 grupos internacionales elegidos por la NASA para participar en el monitoreo del circuito lunar. Según se detalla en el reporte de CBC, el grupo operó desde la Estación Terrestre de la UNB, utilizando una antena satelital de 6 pies de diámetro ubicada en el techo de Gillin Hall para captar las frecuencias de la nave.
El profesor Petersen describió la experiencia como una oportunidad “única en la vida”, permitiendo que los estudiantes de la generación actual participen activamente en la exploración espacial contemporánea.
