Durante el siglo XVIII, se documentó el caso de Tarrare, un hombre cuya condición médica se convirtió en un enigma que persiste hasta la actualidad.
Tarrare experimentaba una necesidad insaciable de alimentarse, describiendo el hambre y la urgencia de comer como un verdadero castigo. Entre sus capacidades más sorprendentes, se destaca que podía ingerir objetos y recuperarlos posteriormente.
El caso concluyó con su fallecimiento a una edad temprana, dejando sin resolver el misterio médico sobre las causas de su estado, un hecho que continúa desconcertando a los expertos.
