Después del embarazo, muchas mujeres experimentan cambios físicos como la flacidez de la piel o la rectus diastasis, una separación de los músculos abdominales. Para corregir estas consecuencias, algunas optan por el llamado “Mommy Makeover”, una combinación de varios procedimientos de cirugía estética.
Estos procedimientos suelen ser costosos y rara vez cubiertos por los seguros médicos. En la comunidad de 20 Minutos, varias lectoras han compartido sus experiencias con este tema. Algunas ya se han sometido a la cirugía, mientras que otras aún lo contemplan.
Mia*, de 31 años, se sometió a un Mommy Makeover completo a principios de febrero. Para ella, fue la mejor decisión que pudo tomar. Sin embargo, en Suiza, el costo del procedimiento era prohibitivo. “Me parece una vergüenza que las compañías de seguros no cubran estos altos costos”, afirma.
Para Mia, no se trata solo de estética: “Toda mujer tiene derecho a recuperar su cuerpo después de que un embarazo lo haya transformado”. Además, sufría de dolores de espalda y abdomen, así como de presión psicológica. “Me sentía emocionalmente afectada. La gente constantemente me preguntaba si estaba embarazada de nuevo debido a mi abdomen”.
Esta situación la hería profundamente. “Uno se reduce a eso. Estas miradas duelen”. Intentó varias soluciones, como deporte, pilates y entrenamiento, pero nada funcionó. Aunque llegó a aceptar su cuerpo, el constante juicio externo la afectaba. Por eso, decidió operarse en el extranjero, en Turquía, donde se sometió a varios procedimientos a la vez: cierre de la rectus diastasis, estiramiento de abdomen y senos, y liposucción.
“En Suiza, solo el estiramiento de abdomen costaría alrededor de 16.000 francos”, explica. El cierre de la rectus diastasis añadiría otros 8.000 francos, y el estiramiento de senos, unos 10.000 francos. “En Turquía, pagué 4.700 francos por todo”.
Los primeros dos días después de la operación fueron dolorosos, pero después se recuperó rápidamente. Cuatro semanas después del procedimiento, Mia dice: “Ya se nota una gran diferencia. Estoy feliz. Es justo como lo quería. Todo está en su lugar, está firme, pero aún se ve natural y se adapta a mí”.
La experiencia de Anna, de 28 años, es diferente. Dio a luz a sus tres hijos a una edad temprana, siendo la primera con 18 años. “Amo mi cuerpo por lo que ha logrado”, dice. Sin embargo, sueña con un Mommy Makeover.
Con cada embarazo, su cuerpo ha cambiado. Después del segundo hijo, tuvo una cesárea, y luego llegó otro bebé. “Desde entonces, todo ha sido difícil”, cuenta. Sus senos han perdido firmeza y la piel ha caído. “Apenas puedo usar un sostén porque todo se sale”.
Estos cambios la angustian. “Ya no me siento femenina”. Su pareja la apoya y la encuentra hermosa, pero a veces se avergüenza y prefiere no mostrar su cuerpo. Se aísla y se preocupa mucho. “A veces, en un momento de frustración, incluso me pregunto: ¿por qué tuve hijos?”, confiesa.
Ha considerado varias veces una operación en el extranjero, en Praga o Estambul. “Pero se escuchan tantas cosas malas. Soy muy desconfiada”. Además, el precio es un problema. “Con tres hijos, es simplemente demasiado caro”.
Si el dinero no fuera un problema, su decisión estaría clara: “Lo haría de inmediato, sin dudarlo”.
*Nombre cambiado.
