Fallece el Dr. Kermit Gosnell, condenado por asesinato en una clínica de aborto
Filadelfia – El Dr. Kermit Gosnell, un médico de una clínica de aborto condenado a cadena perpetua por la muerte de tres bebés que habían nacido vivos, falleció a principios de este mes en un hospital de Pensilvania, según informaron funcionarios penitenciarios el lunes.
La clínica de Gosnell, ubicada en el oeste de Filadelfia, se hizo tristemente célebre como un “hogar del horror”. Ex empleados testificaron que realizaba abortos ilegales más allá de las 24 semanas permitidas por la ley de Pensilvania, que llegaba a dar a luz a bebés que aún se movían, gemían o respiraban, y que él y sus asistentes terminaban con la vida de los recién nacidos “cortándoles la columna vertebral”, como él se refería a ello.
La portavoz del Departamento de Correcciones, Maria Bivens, informó que Gosnell, de 85 años, falleció el 1 de marzo en un hospital fuera del sistema penitenciario. Había estado encarcelado recientemente en la Institución Correccional del Estado de Smithfield, a unas 96.5 kilómetros al sur de Pittsburgh. No se reveló la causa de la muerte.
Gosnell se había presentado como un defensor de las mujeres pobres y desesperadas. Además de tres cargos por asesinato en primer grado, también fue condenado por múltiples otros delitos, incluidas violaciones de las leyes de aborto de Pensilvania.
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Las condiciones de su clínica salieron a la luz durante una investigación de 2010 sobre el tráfico de medicamentos recetados. Los investigadores describieron un lugar maloliente con bolsas y botellas de fetos y frascos con partes del cuerpo, junto con muebles manchados de sangre e instrumentos médicos sucios.

A police car is seen posted outside the Women’s Medical Society in Philadelphia, Thursday, Jan. 20, 2011. Abortion doctor Kermit Gosnell was charged Wednesday Jan. 19, 2011.
(AP Photo/Matt Rourke)
Las autoridades estatales no habían realizado inspecciones rutinarias de todas sus clínicas de aborto durante 15 años cuando la clínica de Gosnell fue allanada. Tras el escándalo, dos altos funcionarios de salud estatales fueron despedidos y Pensilvania impuso normas más estrictas para las clínicas.
Gosnell no testificó en su juicio de 2013, pero su abogado defensor argumentó que ninguno de los fetos había nacido vivo y que cualquier movimiento eran espasmos o contracciones post mortem.
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