La discriminación por clase social debería ser ilegal, según un informe reciente sobre el empleo en el sector cultural del Reino Unido. El estudio, denominado “Class Ceiling”, reveló que más del 50% de los encuestados reportaron haber experimentado acoso o sesgos debido a su origen socioeconómico.
El informe surge en un contexto de crecientes llamados a mejorar las oportunidades para los creativos de clase trabajadora, con figuras como el guionista James Graham y el artista Jason Manford expresando su preocupación. Nazir Afzal, ex fiscal jefe y presidente de The Lowry arts venue en Salford, enfatizó que la clase social es una “cuestión central de inclusión” y que las barreras existentes en las artes están “destruyendo la creatividad”.
Afzal se unió a las demandas del sindicato TUC y la empresa Co-op para que el origen socioeconómico se convierta en la décima característica protegida bajo la Ley de Igualdad de 2010. Según datos de YouGov, más de la mitad de la población británica se identifica como perteneciente a la clase trabajadora.
La revisión “Class Ceiling” destaca que las industrias creativas británicas moldean la percepción del país, pero el acceso a ellas sigue siendo desigual. El informe señala que las vías de entrada aún dependen de las conexiones personales, los salarios iniciales son insuficientes para vivir y la progresión profesional favorece a aquellos que pueden asumir riesgos económicos, lo que lleva a muchos a abandonar sus carreras antes de comenzar.
Un caso específico mencionado en el informe involucra a una mujer que no fue considerada para un puesto de trabajo debido a que su automóvil era considerado “demasiado viejo”, lo que ilustra la discriminación sutil pero presente basada en el estatus socioeconómico.
