En un giro inesperado, la película “Deux femmes” (Dos Mujeres) nos presenta a Violette, interpretada por Laurence Leboeuf, quien, mientras cuida de su bebé y su pareja está constantemente de viaje, comienza a escuchar ruidos provenientes del apartamento vecino. Lo que inicialmente le parece una ironía insoportable, pronto la lleva a descubrir a Florence (Karine Gonthier-Hyndman), su vecina, una mujer en plena crisis de la cuarentena, lidiando con la monotonía de la maternidad y los efectos de los antidepresivos en su libido.
Pero la historia da un vuelco cuando, a través de conversaciones y fantasías sobre la vida íntima de sus vecinos, Violette y Florence encuentran una inesperada vía de escape y se embarcan en la creación de una secuencia erótica protagonizada por diversos hombres, sin reparar en los clichés –incluido el del hombre que se ofrece a poner la mesa–, y compartiéndola abiertamente entre copas y tazas de café.
Juegos de códigos y juegos de cuerpos
La directora Chloé Robichaud nos transporta a un viaje en el tiempo, presentando a dos mujeres, una rubia y otra morena, que evocan a las “desperate housewives” de las películas estadounidenses de los años 60, pero con un toque contemporáneo que resulta inquietante. La búsqueda del placer, el deseo de reconectar con su cuerpo y la sensualidad se abordan con crudeza y una intensidad casi animal, mientras que los demás personajes de sus vidas –hijos, amantes, maridos– parecen desdibujarse en el fondo.
Esta comedia negra, galardonada en Sundance, juega con los estereotipos y utiliza diálogos precisos y provocadores para incomodar y generar reflexión.
