La espera se hizo eterna. Eran las 16:06 del 23 de diciembre pasado cuando el corazón proveniente de Bolzano, destinado al pequeño Domenico en el hospital Monaldi de Nápoles, simplemente no funcionó. La angustia se reflejó en los mensajes intercambiados entre el personal sanitario, revelados ahora por los medios italianos Il Mattino, La Repubblica y Il Messaggero.
Una enfermera, ya fuera del hospital, preguntó a sus colegas cómo iba la operación. La respuesta de la jefa de enfermería fue contundente: “No va… Cero… Es una piedra”. La preocupación era palpable, y la enfermera replicó con un escalofriante: “Madre mía, se lo llevarán en la conciencia”.
Las conversaciones, obtenidas como parte de la investigación sobre la muerte del pequeño Domenico Caliendo, pintan un cuadro de creciente desesperación. En un intercambio, una enfermera pregunta a otra: “¿Qué tal va?”. La respuesta fue alarmante: “Han traído el corazón en hielo seco. Se ha congelado, quizás no se pueda implantar. Es un lío”.
Quince minutos después, la conversación continuaba: “¿Han solucionado algo? ¿Pero está loco?”. La respuesta describía la dificultad de la situación: “Para descongelarlo lo han metido en agua caliente. Si vuelve a funcionar es un milagro”. La pregunta “¿Lo está poniendo?” –refiriéndose al cirujano cardíaco Oppido, encargado del trasplante– recibió una respuesta aún más inquietante: “Loco. ¿Y qué te digo? Sí, lo está poniendo”.
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