Bajo la dirección de expertos de la Universidad de Münster, en Alemania, un equipo internacional de geólogos ha revelado un sorprendente descubrimiento: el núcleo sólido de la Tierra no es una esfera homogénea de hierro y níquel, sino que presenta una estructura en capas. Los investigadores han encontrado evidencia de esta composición multicapa, lo que podría explicar las anomalías observadas en el comportamiento de las ondas sísmicas al atravesar las profundidades del planeta.
Este hallazgo, publicado recientemente en ‘Nature Communications’, se suma a una creciente serie de descubrimientos que confirman la complejidad y el misterio que aún encierra el corazón de nuestro mundo. Olvidemos la imagen tradicional de una esfera metálica inerte; el núcleo terrestre es dinámico, cambia de forma, invierte su polaridad y, lejos de ser uniforme, se presenta como una gigantesca cebolla metálica.
El misterio de la ‘cebolla’ de metal
Para comprender mejor este fenómeno, basta con imaginar una pelota de tenis viajando a través de un bosque con árboles alineados. Su velocidad variará dependiendo de la dirección. De manera similar, las ondas sísmicas generadas por los terremotos viajan a diferentes velocidades según su dirección, entre un 3% y un 4% más rápido en paralelo al eje de rotación terrestre (de polo a polo) que en el plano ecuatorial. Este fenómeno, conocido como ‘anisotropía sísmica’, ha sido un enigma hasta ahora.
“Existen varias hipótesis sobre el origen de estas anisotropías”, explica Carmen Sanchez-Valle, del Instituto de Mineralogía de la Universidad de Münster y coautora del estudio. Para resolver este rompecabezas, el equipo recreó las condiciones del centro de la Tierra en laboratorio, utilizando una ‘celda de yunque de diamante’ capaz de someter muestras diminutas a presiones un millón de veces superiores a la atmosférica y a temperaturas superiores a los 800 grados centígrados.
El hallazgo se suma a toda una serie de descubrimientos que, en los últimos años, han dejado muy claro que el corazón de nuestro mundo es un lugar complejo y aún profundamente desconocido
Los investigadores utilizaron una aleación de hierro, silicio y carbono, los componentes principales del núcleo terrestre. Al comprimir esta mezcla, observaron que los cristales se alineaban de una manera específica, alterando la velocidad del sonido.
“Los patrones de difracción –señala Efim Kolesnikov, autor principal del estudio– se analizaron para derivar propiedades plásticas, como el límite elástico y la viscosidad”. Los datos sugieren que el núcleo está estratificado químicamente: el centro del núcleo interno sería principalmente hierro puro (donde la anisotropía es más fuerte), mientras que las capas exteriores contendrían más silicio y carbono, atenuando este efecto. “Este patrón de anisotropía dependiente de la profundidad –indica el estudio– podría ser el resultado de una estratificación química durante la cristalización del núcleo”.
Un núcleo cambiante
La estructura en capas del núcleo es solo el último capítulo de una serie de descubrimientos sorprendentes. En los últimos años, el centro de la Tierra nos ha demostrado su complejidad una y otra vez.
Por ejemplo, estudios recientes han revelado que el núcleo interno no es una esfera perfecta, sino que cambia continuamente de forma. Un estudio de 2021 demostró que está creciendo de forma asimétrica, más rápido bajo Indonesia que bajo Brasil, como si el planeta estuviera ‘engordando’ de manera desigual. La gravedad redistribuye este exceso de hierro, manteniendo la forma esférica, pero este proceso genera calor que alimenta el campo magnético que nos protege de la radiación solar. Si este ‘motor’ lateral se detuviera, nuestra protección contra el espacio se vería comprometida.
Además de su forma, se ha descubierto que el núcleo oscila, cambiando su dirección de giro periódicamente, lo que contradice los modelos tradicionales que asumen una rotación constante a un ritmo superior al de la superficie. Investigaciones han demostrado que el núcleo interno cambió de dirección en un período de seis años, entre 1969 y 1974, afectando incluso la duración de los días. Más recientemente, en 2024, se confirmó que la rotación del núcleo interno se está ralentizando.
A estos hallazgos se suman los relacionados con su estructura, que no es lisa, sino que presenta una textura ‘rugosa’, similar a un denso bosque de cristales de hierro que crecen como estalactitas metálicas.
Consecuencias en la superficie
¿Por qué es importante estudiar el interior de la Tierra? La exploración de este mundo abisal, situado a más de 5.000 kilómetros bajo nuestros pies, nos ha demostrado que todo lo que ocurre en su interior nos afecta directamente. El núcleo es el ‘corazón’ que mantiene vivo el campo magnético terrestre, un escudo invisible que protege nuestra atmósfera del viento solar y hace posible la vida tal como la conocemos.
El de un núcleo estratificado es solo el último capítulo de una saga de descubrimientos asombrosos. Y es que en los últimos años, el centro de la Tierra nos ha ido dando una lección de humildad tras otra.
Por lo tanto, cada uno de estos descubrimientos, incluyendo la estructura en capas, son piezas de un mismo rompecabezas que busca explicar el funcionamiento de la ‘dinamo’ de nuestro planeta. Al comprender la química del silicio y el carbono en el núcleo, como han logrado los investigadores de Münster, no solo avanzamos en el conocimiento de la geología, sino que también descubrimos las instrucciones de funcionamiento de nuestra ‘nave espacial’ planetaria.
En los mapas medievales y del Renacimiento, las zonas inexploradas se marcaban con la frase ‘Aquí hay dragones’. Hoy, esa frontera se ha trasladado al centro de nuestro mundo, un lugar donde las leyes de la física se desafían y cuyos secretos apenas estamos comenzando a desentrañar, a pesar de toda nuestra tecnología.
