Un lingüista sueco descubre lo curioso que puede sonar su propio idioma para quienes no lo hablan. Mikael Parkvall, en una crónica para Svenska Dagbladet, relata la experiencia de su colega, una lingüista de campo que se adentró en Nueva Guinea para estudiar una lengua local.
Según Parkvall, la colega se encontró con que algunos términos suecos, como la palabra “grönsak” (verdura), pueden parecer bastante primitivos a oídos no familiarizados con el idioma. La idea de que todas las cosas verdes sean vegetales resulta, al parecer, un tanto peculiar. El autor señala que incluso el finlandés tiene una palabra para “medio ambiente” que podría sorprender a un hablante de sueco.
La anécdota sirve como reflexión sobre la relatividad de los idiomas y cómo lo que nos parece natural puede sonar extraño a otros.
