La Organización de las Naciones Unidas ha confirmado que el 10% de los océanos del mundo se encuentran actualmente bajo regímenes de protección. Este avance representa un hito significativo para la conservación marina, aunque resalta la magnitud del desafío restante para alcanzar las metas globales.
El objetivo 30×30 y el desafío temporal
Este progreso se enmarca en la iniciativa conocida como “30×30”, un objetivo central del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, mediante el cual los líderes mundiales acordaron conservar el 30% de la superficie terrestre y marina del planeta para el año 2030.
A pesar del logro actual, el camino hacia la meta es exigente: resta proteger un 20% adicional de los océanos. Con solo cuatro años restantes para cumplir el plazo, la comunidad internacional enfrenta la tarea de triplicar la protección marina existente en un periodo muy breve.
Más allá de las “líneas en el mapa”
Diversos análisis advierten que la designación formal de áreas protegidas no siempre se traduce en una salvaguarda real de los ecosistemas. Se ha señalado la existencia de “brechas en el mar”, sugiriendo que, en ocasiones, estas protecciones son meras líneas en un mapa sin una implementación efectiva.
Jeff Morgan, fundador y CEO de Global Conservation, ha subrayado que simplemente designar áreas protegidas es insuficiente para proteger la naturaleza. Según Morgan, es imperativo fortalecer la protección real dentro de los hábitats para mantener la vitalidad de las poblaciones de vida silvestre y la salud de los ecosistemas.
Cambios en el compromiso de Estados Unidos
En el contexto político, la iniciativa ha sufrido un revés importante con la decisión de Estados Unidos de terminar su plan de conservación 30×30. El presidente Donald Trump revocó el compromiso previo establecido por Joe Biden, el cual formaba parte de la iniciativa “America the Beautiful for All”.
Este compromiso estadounidense había movilizado fondos federales y un enfoque gubernamental integral para la conservación. Aunque algunos analistas sugieren que estos retrocesos pueden verse como una oportunidad para reimaginar estrategias de conservación más efectivas y accesibles, la retirada de Estados Unidos de la iniciativa global tiene implicaciones significativas a nivel mundial.
