El 8 de febrero se conmemora el 12º Día Internacional de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas. El Papa León XIV ha dirigido un mensaje a todos aquellos que trabajan en este ámbito, cuyo tema central es: “La paz comienza con la dignidad: un llamamiento global para erradicar la trata de personas”.
Jānis Evertovskis – Vaticano
El llamamiento del Pontífice, según indica al inicio del documento, es un llamado de la Iglesia y de carácter urgente. Se centra en la lucha y eliminación de este “grave crimen contra la humanidad”. León XIV recuerda el saludo del Señor Resucitado “¡La paz sea con vosotros!” (Jn 20,19) y subraya que estas palabras son más que un simple saludo; señalan el camino hacia una humanidad renovada. La verdadera paz, afirma, comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad con la que Dios ha dotado a cada persona.
Sin embargo, en una época marcada por la escalada de la violencia, muchos se sienten tentados a buscar la paz “a través de las armas como condición previa para consolidar su poder”, escribe el Papa, recordando su discurso del 9 de enero ante diplomáticos. Además, en situaciones de conflicto, los defensores de la guerra a menudo reducen las pérdidas de vidas humanas a un “efecto secundario”, considerándolas un sacrificio en pos de intereses políticos o económicos.
En la continuación de su mensaje, el Papa señala que, lamentablemente, la misma lógica de dominación y desprecio por la vida humana también alimenta el problema de la trata de personas. La inestabilidad geopolítica y los conflictos armados crean un terreno fértil para los traficantes, quienes explotan a las personas más vulnerables, especialmente a los migrantes y refugiados. León XIV recuerda que la trata de personas afecta de manera desproporcionada a mujeres y niños. Asimismo, la creciente brecha entre ricos y pobres obliga a muchos a vivir en condiciones precarias, haciéndolos susceptibles a las promesas engañosas de los reclutadores.
Este fenómeno es particularmente preocupante en relación con la llamada “esclavitud informática”, en la que las personas son involucradas en estafas y actividades delictivas, como el fraude en línea y el tráfico de drogas. En estos casos, la víctima se ve obligada a asumir el papel de un criminal, lo que profundiza aún más sus heridas psicológicas. Estas formas de violencia no son casos aislados, sino síntomas de una cultura que ha olvidado amar como Cristo, escribe el Santo Padre.
El Obispo de Roma recuerda que, ante estos graves desafíos, necesitamos oración y reflexión. La oración es “una pequeña llama”, explica, que debemos proteger en la tormenta, ya que nos da la fuerza para resistir la indiferencia ante la injusticia. La reflexión, por su parte, nos permite vislumbrar los mecanismos ocultos de explotación tanto en nuestro entorno como en el ámbito digital. En última instancia, la violencia de la trata de personas solo puede superarse con una visión renovada, que implica considerar a cada persona como un hijo amado de Dios.
Al concluir su mensaje, León XIV agradece a todos aquellos, incluidas las organizaciones internacionales, que, “como manos de Cristo”, brindan ayuda a las víctimas de la trata de personas. También expresa su respeto a los supervivientes que se han convertido en defensores de otras víctimas. “Que el Señor les bendiga por su valentía, su fe y su incansable labor”, desea el Papa.
Finalmente, confía a todos los que conmemoran este día a la intercesión de Santa Josefina Bakhita, una sudanesa nacida en 1869 que fue secuestrada a los siete años y vendida como esclava en ocho ocasiones. Posteriormente, obtuvo la libertad, se convirtió al cristianismo y se hizo religiosa. El Papa recuerda que su vida es un poderoso testimonio de esperanza en el Señor, quien la amó hasta el final. “Uníos al camino hacia un mundo donde la paz no sea solo la ausencia de guerra, sino que sea desarmante y enraizada en el pleno respeto de la dignidad de todas las personas”, desea León XIV.
