Parientes antiguos de los humanos enfrentaron partos peligrosos debido a la forma de la pelvis
Un nuevo estudio ha revelado que el Australopithecus, un grupo extinto de parientes tempranos de los humanos que vivió en África hace millones de años, experimentó una tensión pélvica durante el parto casi tan intensa como la que se observa en el trabajo de parto humano moderno.
Este hallazgo sitúa los riesgos físicos del nacimiento en un punto mucho más temprano de la evolución humana de lo que se suponía anteriormente. El análisis de pelvis fósiles de tres especies de Australopithecus reveló un canal de parto que era ancho de lado a lado, pero estrecho de adelante hacia atrás.
Pierre Frémondière, de la Universidad de Aix-Marseille, demostró mediante simulaciones que un bebé que se desplazara por ese espacio presionaría fuertemente el suelo pélvico. Los niveles de estrés registrados en estas simulaciones coincidieron con el rango medido durante el parto humano, lo que indica una carga física compartida a través de millones de años.
La influencia de la anatomía en el riesgo de parto
El Australopithecus no poseía el canal de parto ancho de adelante hacia atrás que tienen los chimpancés, ni la forma más redondeada que presentan los humanos hoy en día. Esta estructura provocaba que la cabeza del bebé entrara en un óvalo de lado a lado, para luego enfrentar un estrechamiento severo de adelante hacia atrás en una zona más profunda.
Debido a que la presión aumentaba en los puntos donde el espacio se reducía, los tejidos cercanos a la abertura del parto probablemente enfrentaban el mayor peligro de desgarrarse. Aunque la anatomía no garantizaba una lesión, aumentaba las probabilidades de que el parto no fuera sencillo.
Impacto en el suelo pélvico
Los músculos que forman el suelo pélvico consisten en una honda de tejido que sostiene los órganos pélvicos durante el embarazo y el parto. Durante el trabajo de parto, el bebé empuja hacia abajo, estirando este sistema de soporte hasta que el tejido puede debilitarse o romperse.
En las simulaciones, la presión sobre estos músculos alcanzó niveles muy cercanos a los que ocurren durante el parto humano. En la actualidad, este tipo de daño puede persistir durante años; se estima que los trastornos del suelo pélvico afectan a aproximadamente una de cada cuatro mujeres en los Estados Unidos.
