Alemania adoptó el horario de verano el 30 de abril de 1916, motivada por razones estratégicas relacionadas con la guerra. El cambio buscaba optimizar el funcionamiento de la maquinaria bélica aprovechando las horas de luz durante el verano. Además, se pretendía reducir el consumo de combustible destinado a la iluminación, lo que permitiría aumentar las reservas para el ejército.
El Reino Unido siguió el ejemplo al mes siguiente. De hecho, el Parlamento británico había debatido la implementación de esta medida desde 1909. Sin embargo, la propuesta generó fuertes objeciones por parte de los agricultores, quienes preferían amaneceres más tempranos en verano para facilitar sus labores, en lugar de tardes más largas y luminosas. Finalmente, en 1925, el horario de verano se convirtió en permanente en la isla, reconociendo que las horas de actividad humana no coincidían con la duración estacional del día.
