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El edificio, caracterizado por su llamativa fachada acristalada que brillaba dorada a la luz del sol, fue en su momento el lugar de trabajo de miles de personas en el distrito de Paderborn. Sin embargo, el esplendor de antaño es hoy prácticamente inexistente, y la situación ha empeorado. Algunas ventanas han sido rotas, las paredes tanto interiores como exteriores han sido vandalizadas con grafitis, y el inventario restante ha sido dañado o sustraído.
