Se ha reportado que Rusia ha diseñado un plan de ataque con el objetivo de tomar posesión de diversos países europeos. Esta medida habría sido implementada tras el conocimiento de la salida de Estados Unidos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Este desarrollo se produce en un contexto de relaciones hostiles entre la Federación Rusa y la alianza militar, cuyos vínculos fueron establecidos originalmente en 1991. El deterioro de la relación se ha intensificado significativamente en los últimos años, especialmente a partir de las acciones de Rusia en Ucrania desde 2014.
