Existe un ambicioso plan de negocios orientado a revitalizar la industria del lino, una actividad productiva que había sido prácticamente aniquilada, con el objetivo de incursionar en el mercado global de lino fibroso, el cual está valorado en miles de millones de dólares.
Históricamente, el lino ha sido considerado un símbolo fundamental de la identidad lituana. Hace más de 80 años, el país cultivaba cerca de 100.000 hectáreas de este cultivo y, para el año 1936, Lituania se posicionaba como el tercer exportador mundial de fibra de lino.
Sin embargo, esta tradición ha decaído drásticamente hasta casi desaparecer. Artūras Kokoškinas, exdirector de “Vilniaus duonos” y miembro de la junta de la Asociación de la Industria Alimentaria, ha señalado que Lituania fue en su día la “tierra del lino”, pero que actualmente la producción ha quedado reducida a unos pocos agricultores aislados.
En la actualidad, el cultivo se ha desplazado principalmente hacia el lino para semillas, utilizado para la elaboración de aceite, cosméticos, suplementos alimenticios y piensos para animales. A pesar de ello, incluso este segmento es limitado; en 2018, se declararon apenas 546 hectáreas de este tipo de lino.
Recientemente, el avistamiento de campos de lino en flor en las regiones de Šakių, Radviliškio y Birštono ha despertado una profunda nostalgia entre la población, evocando recuerdos de la infancia y la vida en los hogares familiares, resaltando la belleza de un paisaje que hoy es cada vez más raro de encontrar en el país.
