La película “Pomocnice” (La Ayudante), estrenada en 2022 y que ya cuenta con varias secuelas, ofrece una adaptación fiel de su material original, incluso abrazando un toque pulp a veces exagerado. Se trata de una reinterpretación pulida de los thrillers eróticos y criminales de bajo presupuesto que triunfaron en los años 80 y 90, pero adaptada al público contemporáneo de la era digital.
La trama sigue a Millie, una joven que consigue un empleo como asistente en la opulenta residencia de la familia Winchester. Lo que comienza como una oportunidad aparentemente idílica en el hogar de la perfecta pareja, Andrew y Nina, y su hija Cece, pronto se transforma en una pesadilla. Nina muestra una actitud hostil hacia Millie, mientras que la inevitable atracción entre la joven asistente y el carismático Andrew se intensifica. Los acontecimientos se desarrollan de manera predecible, revelando un giro argumental que se intuye desde el principio.
La película utiliza sus personajes para exponer una crítica social: la explotación de aquellos con pocos recursos y credibilidad por parte de los ricos, quienes se entregan a comportamientos perversos y degradantes. Este es el punto final al que llega la historia.
Falsedad y sonrisas forzadas nos atacan
El director Paul Feig, conocido por comedias desenfrenadas como “Mujeres al borde de un ataque de nervios” o “Espía”, establece desde el inicio una tensión incómoda. La película genera una sensación de malestar, atacándonos con una falsedad evidente y sonrisas forzadas. Esta penetrante fisicalidad es, quizás, el mayor acierto de la cinta. El enfrentamiento entre las dos mujeres y los diálogos se basan en la exacerbación de la inestabilidad de Nina y la resignación de Millie, quien busca cada vez más consuelo en Andrew.
“Pomocnice” se apoya demasiado en los clichés. Con el paso del tiempo, se convierte en una propuesta rutinaria y estéril, interrumpida ocasionalmente por diálogos extraños y efectos dramáticos exagerados, o por momentos de burda lascivia, que son, paradójicamente, lo más entretenido de la película, aunque lamentablemente escasos.
El filme consolida a Sydney Sweeney como un nuevo sex symbol. La cámara se detiene en su figura, mostrando su cuerpo en ajustadas prendas de vestir y un escote que roza la objetivación, aunque sirve para subrayar la tensión erótica entre Millie y Andrew. Brendan Sklenar, quien interpreta a Andrew, explota su atractivo físico y una voz profunda y carismática. Sin embargo, las escenas de sexo carecen de audacia y sensualidad, asemejándose más a un anuncio de lencería.
Una adulación bien disfrazada
Si bien la elección de Sydney Sweeney tiene cierta lógica superficial (posee una gran presencia física), su actuación es inconsistente, carece de chispa y pasión, y se muestra tan rígida como la propia película, a pesar de que su personaje exige todo lo contrario. “Pomocnice” explota todas las tendencias mainstream que buscan impactar los sentidos del espectador. No parece haber ambición por ir más allá. La irritante y a veces bien disimulada adulación se completa con el uso inapropiado de música popular de artistas como Lana Del Rey y Taylor Swift.
En definitiva, es una película carente de valentía, fuerza y contundencia, a pesar de las frases construidas y las escenas supuestamente impactantes que intentan transmitir lo contrario. La frustración se hace evidente con las voces en off didácticas. La insistencia de los creadores en explicarlo todo verbalmente, incluso lo que ya se desprende de las imágenes más simples, resulta francamente ridícula. La película evoluciona de un thriller prometedor, impulsado por la excelente actuación de Amanda Seyfried, a una colección de efectos vacíos. “Pomocnice” no es ni audaz ni “deslumbrantemente extravagante” en ningún sentido. Simplemente lo pretende.
Film
Pomocnice
Režie: Paul Feig
Bontonfilm, česká premiéra 15. ledna
