El Reino Unido y China han iniciado un proceso de reinicio en sus relaciones económicas, buscando poner fin a lo que se ha descrito como una «era glacial diplomática». Esta estrategia, impulsada por la reciente visita del primer ministro Sir Keir Starmer a Beijing —la primera de un mandatario británico en ocho años—, busca abrir nuevas oportunidades de comercio e inversión en un contexto de presiones económicas internas para ambas naciones.
Enfoque en la industria automotriz y tecnologías limpias
Dentro de este marco de cooperación, el gobierno británico ha destacado la solidez de sus empresas en sectores clave, incluyendo la industria automotriz, las finanzas, la salud, la farmacéutica y la energía limpia. El objetivo es lograr un acceso más favorable para las firmas británicas a los mercados chinos y fomentar una mayor inversión de China en el Reino Unido.
Los acuerdos alcanzados durante la visita de Starmer abarcan áreas críticas como los servicios, la salud, las finanzas y, especialmente, la tecnología verde. En este sentido, la empresa británica Octopus Energy ha ingresado al mercado chino mediante una alianza con la compañía local PCG Power para desarrollar una plataforma digital de comercio de electricidad, orientada a mejorar la eficiencia del sistema energético y apoyar los esfuerzos de China para incrementar el uso de energías renovables.
Acuerdos comerciales y facilitación de viajes
Además de la cooperación tecnológica, el reinicio económico incluye medidas tangibles para dinamizar el intercambio comercial y la movilidad:
- Aranceles al whisky: China reducirá los impuestos de importación al whisky escocés del 10% al 5%, una medida que el gobierno británico estima tendrá un valor de 250 millones de libras para su economía.
- Movilidad: Se ha confirmado la flexibilización de las reglas de visado para ciudadanos británicos y canadienses, medida que entró en vigor el 17 de febrero de 2026.
- Inversión farmacéutica: AstraZeneca ha comprometido una inversión de 15.000 millones de dólares (11.000 millones de libras) en China durante los próximos cuatro años para expandir la investigación y la fabricación de medicamentos, siendo esta la mayor inversión de la compañía en el país asiático hasta la fecha.
Este acercamiento cauteloso, aunque no ha resultado en un tratado de libre comercio integral, marca un giro tangible en la relación bilateral. Mientras el Reino Unido busca fortalecer sus vínculos comerciales, China aspira a demostrar que puede ser un socio fiable para las economías occidentales.
