La crisis de los combustibles sigue siendo el centro de todas las miradas en Rumania, y las últimas noticias traen una mezcla de alivio y escepticismo para los conductores. Se ha hecho oficial la publicación de la OUG 24/2026 en el Monitorul Oficial, la cual establece una reducción del impuesto especial (accisa) al gasóleo a partir del próximo 7 de abril, además de implementar una contribución de solidaridad por parte de las compañías petroleras.
Ante esta situación, el primer ministro Ilie Bolojan ha asegurado que el Gobierno está actuando dentro de sus límites y posibilidades, subrayando que la administración no obtiene ningún beneficio del incremento de los precios en los surtidores.
Sin embargo, no todos comparten una visión optimista. Ionuț Dumitru, asesor del primer ministro, ha sido tajante al afirmar que es una “ilusión” creer que los precios regresarán a los niveles anteriores. Dumitru señaló que el Estado enfrenta restricciones presupuestarias importantes, lo que impide cubrir diferencias de precios significativas con fondos públicos.
Por otro lado, las críticas han sido severas desde algunos sectores económicos. Biriș ha calificado las intenciones del Estado como “suicidas”, argumentando que el precio de importación del gasóleo es actualmente superior al precio de venta en las estaciones, lo que haría imposible mantener los precios mediante plafonamientos o medidas fiscales.
A pesar de las tensiones y los debates económicos, el impacto ya se empieza a sentir en las calles. Algunos ciudadanos ya han comenzado a reaccionar a la bajada de precios, y se ha reportado que algunas estaciones de servicio ya están vendiendo combustible a precios más bajos.
