Nueva York, 15 de febrero (EFE).- La industria alimentaria y la administración de Trump han mostrado un gran interés en la tendencia, popularizada en redes sociales, de promover un mayor consumo de proteínas para ganar masa muscular y perder peso.
Cadenas de cafeterías como Starbucks han lanzado al mercado cafés y tés con leche enriquecidos con proteína de suero, mientras que diversas marcas de aperitivos ofrecen palomitas y pretzels con proteína añadida.
“No estoy segura de cómo se originó exactamente esta reciente fascinación o cómo se propagó en las redes”, comenta a EFE la Dra. Andrea Deierlein, directora de Nutrición de Salud Pública en la Universidad de Nueva York, quien observa una gran cantidad de publicaciones en su Instagram “de médicos y expertos en nutrición hablando sobre la proteína”.
Según la experta, las dietas altas en proteínas son recurrentes y populares en muchas tendencias dietéticas.
Un artículo publicado en The Times en 1933 ya anunciaba que una dieta rica en proteínas y carne magra era saciante y efectiva para la pérdida de peso, una teoría que ha resurgido con fuerza en las redes sociales actuales.
Diversos estudios sugieren que las dietas ricas en proteínas pueden aumentar los niveles de hormonas como la GLP-1, que contribuyen a la sensación de saciedad. Sin embargo, Deierlein enfatiza la falta de información sobre los efectos a largo plazo de estas dietas.
Estados Unidos redefine sus recomendaciones nutricionales
El gobierno de Estados Unidos ha modificado sus recomendaciones nutricionales con la publicación de las nuevas ‘Guías Alimentarias’, que abandonan la tradicional pirámide alimentaria para priorizar el consumo de proteínas de alta calidad, lácteos enteros y grasas naturales.
Bajo el lema de “poner fin a la guerra contra la proteína”, las directrices presentadas por el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., establecen un nuevo objetivo de ingesta de entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, una cantidad que, según Deierlein, es alcanzable para “el estadounidense promedio”.
El nuevo modelo promueve el consumo de carne roja, huevos y mantequilla, alimentos ricos en grasas saturadas que las autoridades habían recomendado limitar durante décadas para prevenir problemas como el sobrepeso o la diabetes, lo que ha generado un debate en la comunidad médica.
Más allá de la carne
Tras la publicación de la nueva guía, la Asociación Americana del Corazón (AHA) ha animado a los consumidores a priorizar las proteínas vegetales, los mariscos y las carnes magras, recomendando limitar el consumo de grasas saturadas al 6% de las calorías diarias.
También sugiere moderar el consumo de productos animales con alto contenido de grasa, como la carne roja, la mantequilla, la manteca de cerdo y el sebo, que se asocian con un mayor riesgo cardiovascular.
El Comité de Médicos, por su parte, destaca que los alimentos procesados de origen vegetal se asocian con un menor riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares, y suelen estar fortificados con nutrientes importantes como el ácido fólico y las vitaminas D y B12, al tiempo que subraya que los productos animales pueden aumentar el riesgo de enfermedades.
“Si nos centramos únicamente en la proteína animal, podemos descuidar otros nutrientes vitales como la fibra”, señala Deierlein, quien también formó parte del comité científico original del informe de 2025, que finalmente fue descartado por la actual administración.
La proteína como un producto de lujo
Según un estudio de Empower, titulado “The Protein is Extra”, el 49% de los consumidores estadounidenses considera la proteína como un ingrediente de lujo por el que están dispuestos a pagar más.
Sin embargo, a pesar de estar dispuestos a asumir el gasto, el 65% opina que la mayoría de los productos con proteína añadida tienen un precio excesivo.
En promedio, los estadounidenses gastan 50 dólares a la semana en productos proteicos, y el 42% de los consumidores suele optar por opciones de “doble proteína” en sus comidas, un porcentaje que aumenta al 57% en las generaciones más jóvenes. EFE
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