Un agricultor de la región de EARL La Foret, con 370 hectáreas de superficie cultivable dedicadas a trigo blando, colza, cebada de invierno, cebada de primavera, maíz y girasol, ha optimizado sus tratamientos fitosanitarios realizándolos en más de un 80% de los casos durante la noche. Esta práctica le permite aprovechar la alta humedad y la ausencia de viento, condiciones ideales para trabajar con bajo volumen de pulverización.
El agricultor reduce el volumen de caldo a 50 litros por hectárea, tratando entre 60 y 80 hectáreas con cada tanque, lo que supone un ahorro de tiempo y combustible sin comprometer la calidad de la aplicación. Para ello, utiliza boquillas adaptadas de pequeño calibre, permitiéndole aplicar la cantidad precisa de producto en el momento adecuado y maximizando su impacto. Esta técnica incluso le permite disminuir en algunos porcentajes las dosis de productos por hectárea.
La decisión de realizar los tratamientos nocturnos se basa en la urgencia de la intervención y en la información proporcionada por las estaciones meteorológicas. El agricultor cuenta con una estación en su propia explotación y tiene acceso a los datos de una quincena de estaciones compartidas con colegas. Busca el momento óptimo para maximizar la eficacia de los productos fitosanitarios, comenzando a pulverizar desde medianoche o la 1 de la madrugada si tiene muchas hectáreas que tratar, y finalizando antes de las 9:00 o 9:30, cuando las condiciones comienzan a deteriorarse.
Su pulverizador está equipado con dos faros que iluminan la barra a ambos lados, lo que considera esencial para trabajar correctamente de noche. La preparación del caldo se inicia por la tarde, llenando el tanque con 1.000 litros de agua y sulfato de amonio para permitir que el agua se acidifique. Justo antes del tratamiento, incorpora el o los productos, siendo los fungicidas y los productos sistémicos especialmente adecuados debido a su sensibilidad a las condiciones de humedad.
El agricultor destaca que la pulverización nocturna se ha convertido en una práctica habitual, no una limitación, y le permite orientarse fácilmente en sus parcelas. Lamenta, sin embargo, que esta práctica pueda generar desconfianza entre los vecinos, cuando en realidad es una forma de minimizar los riesgos de deriva.
