¿Qué implica una reestructuración para que las ciudades mejoren su infraestructura ciclista?
El ciclismo requiere una planificación a nivel de red, no solo mejoras puntuales. Se trata de construir redes independientes del tráfico de vehículos motorizados, que se adapten a las rutas y necesidades reales de los ciclistas. Esto genera mayor seguridad, comodidad y continuidad en el día a día, independientemente de las conexiones automovilísticas existentes.
También es crucial entender el ciclismo como una parte integral del desarrollo urbano. La estructura de la red ciclista necesita una jerarquía clara con rutas principales, secundarias y de conexión, así como espacio para la innovación: las bicicletas eléctricas, las bicicletas de carga o las nuevas opciones de micromovilidad plantean nuevos desafíos a los que las ciudades pueden reaccionar de antemano.
¿Cómo son idealmente los caminos para el ciclismo? ¿Qué recomendaciones ofrecen las investigaciones para que las ciudades tengan en cuenta?
Los carriles bici ideales son seguros, cómodos y adaptados a la diversidad de usuarios. Las investigaciones demuestran que los ciclistas son especialmente sensibles a la calidad de las superficies, la anchura suficiente y una señalización clara. Los caminos deben planificarse de forma continua y con visión de futuro, sin finales inesperados o puntos poco claros. Los ciclistas son muy previsoras y ajustan su velocidad rápidamente, planificando rutas alternativas a través de las intersecciones. Esto solo funciona si la infraestructura es continua.
Dos metros son el mínimo absoluto por dirección, mientras que se recomiendan entre 2,5 y tres metros por dirección para las rutas principales, para que diferentes grupos de usuarios puedan convivir de forma segura, desde niños hasta bicicletas de carga. La idea es que un carril para bicicletas tiene aproximadamente un metro de ancho y tiene en cuenta los movimientos laterales al conducir. Si no hay oportunidades de adelantamiento, surgen situaciones incómodas con velocidades muy diferentes. Por lo tanto, siempre deben ser posibles dos carriles.
Carriles más anchos, radios de curva suaves y áreas de cruce seguras tienen en cuenta que diferentes personas circulan con diferentes estilos de conducción y bicicletas. Las simulaciones ayudan a identificar los puntos de conflicto a tiempo y a encontrar la mejor solución. El objetivo sigue siendo crear caminos que generen confianza y fomenten el placer de andar en bicicleta.
Para todos los que trabajan con el ciclismo, está claro que es una solución para muchos problemas. ¿Por qué esta idea no se está implementando realmente en la planificación y la administración?
Es indiscutible que el ciclismo aporta enormes beneficios al clima, la salud, la calidad de vida y la eficiencia del espacio, pero la implementación a menudo se queda atrás del conocimiento. Las razones radican principalmente en el fuerte enfoque en el automóvil: muchas estructuras, rutinas y criterios de evaluación están orientados al tráfico de automóviles. Los cambios siempre implican conflictos de distribución. Se necesita una comunicación y una toma de decisiones políticas eficaces para que las medidas sean aceptadas y finalmente implementadas en la vida cotidiana. No debería ser que de repente aparezca un carril bici cuando todo el mundo tiene la sensación de que nadie lo quería. La investigación puede ayudar apoyando procesos transparentes, mostrando qué cambios realmente funcionan y fortaleciendo así la confianza en una nueva movilidad sostenible.
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