Una investigación reciente sugiere que el consumo regular de queso podría estar asociado con un menor riesgo de demencia. Sin embargo, los investigadores advierten que estos hallazgos deben interpretarse con cautela.
Según informes, una dieta mediterránea equilibrada, rica en verduras, granos integrales y grasas saludables, es ampliamente reconocida por los científicos como un factor esencial en la prevención de la demencia. Además, se destaca la importancia de la actividad física, las conexiones sociales y el mantenimiento de una mente activa.
Un estudio japonés ha llamado la atención al investigar la posible relación entre el consumo de queso y el riesgo de demencia. El estudio, realizado por el DeutschesGesundheitsPortal (DGP), analizó datos de casi 8.000 adultos mayores japoneses, vinculándolos con información obtenida a través de encuestas de seguros de atención a largo plazo. Se excluyeron del estudio a personas mayores de 65 años que ya recibían atención a largo plazo. Los participantes fueron divididos en dos grupos según su consumo de queso: aquellos que nunca lo consumían (menos de una vez por semana) y aquellos que lo consumían ocasionalmente (al menos una vez por semana). El estudio rastreó la aparición de demencia durante un período de tres años.
El grupo que consumía queso informó que lo hacía de una a dos veces por semana (72,1%). Un porcentaje menor del grupo indicó que consumía queso de tres a cuatro veces por semana o más de cinco veces. El queso procesado, como el queso fundido, fue el tipo más consumido (82,7%), seguido del queso de moho blanco (7,8%) y otras variedades. Después de tres años, 134 personas del grupo que consumía queso (3,4%) y 176 del grupo que no lo consumía (4,5%) desarrollaron demencia.
La diferencia absoluta en el riesgo, según el DGP, fue de 1,06 puntos porcentuales. El consumo ocasional de queso se asoció con una reducción del 24% en el riesgo de demencia. Los autores del estudio señalan que estos resultados se alinean con observaciones previas que sugieren que los productos lácteos pueden tener beneficios para la salud cognitiva. Sin embargo, enfatizan que el estudio solo proporciona indicios y no prueba una relación causal entre el consumo de queso y un menor riesgo de demencia. Otros factores, como un estilo de vida más saludable en las personas que consumen queso, podrían haber influido en los resultados.
Un estudio sueco adicional sugiere que el queso más graso podría tener un efecto preventivo. Según informes de t-online.de, el consumo diario de una a dos rebanadas de queso podría ser beneficioso para la salud cerebral. Para este estudio, los científicos realizaron un seguimiento de alrededor de 27.000 adultos durante un período de 25 años.
Al inicio del estudio, los participantes tenían una edad promedio de 58 años. Llevaron diarios detallados de su alimentación, respondieron cuestionarios y participaron en entrevistas sobre sus hábitos alimenticios. Durante los siguientes 25 años, 3.208 personas desarrollaron alguna forma de demencia. Se observó que los participantes que consumían más de 50 gramos de queso graso diariamente (por ejemplo, dos rebanadas de cheddar o gouda) tenían un riesgo un 13% menor de desarrollar demencia. En el caso de la demencia vascular, causada por problemas de flujo sanguíneo en el cerebro, el riesgo fue incluso un 29% menor, según el estudio.
Estudio sueco también proporciona evidencia de un efecto protector del queso
Los investigadores también encontraron una relación entre el consumo de crema y un menor riesgo de demencia: las personas que consumían aproximadamente una o dos cucharadas de crema diariamente tenían un riesgo un 16% menor de desarrollar demencia. Los productos lácteos bajos en grasa, por otro lado, no parecieron tener ningún efecto. Sin embargo, los expertos también advierten en este caso que el estudio solo muestra una correlación estadística, pero no una relación directa de causa y efecto.
Esto se debe, en parte, a que la dieta solo se evaluó al comienzo del estudio y es muy probable que los hábitos alimenticios hayan cambiado con el tiempo. “Otros factores del estilo de vida, como el ejercicio, el consumo de alcohol o el tabaquismo, tampoco se monitorearon constantemente”, se indica además en t-online.de.
Indiscutiblemente positivo parece ser el efecto de grasas saludables, como las que se encuentran en nueces, diversos aceites vegetales y pescado.
