Una madre comparte su preocupación por los cambios en el comportamiento de su hija de 30 años, quien desde su nacimiento presenta un retraso mental. La joven recibió apoyo logopédico y completó la educación secundaria con la ayuda de un profesor de apoyo, logrando obtener su diploma.
Inicialmente, la hija llevaba una vida relativamente normal, pero con el tiempo comenzó a experimentar episodios de agresividad cuando se sentía frustrada, lanzando objetos y mostrando crisis de llanto y gritos sin importar su entorno. Posteriormente, se arrepentía y pedía disculpas.
La familia consultó con los servicios de salud mental locales, quienes, sin llegar a un diagnóstico específico, prescribieron 30 gotas diarias de Serenase. Si bien este medicamento provocó somnolencia, ayudó a reducir los episodios de ira.
Hace un año, la familia tomó la decisión de suspender la medicación, a petición de la hija. Desde entonces, ha mostrado una mayor reactividad y un aparente bienestar, lo que genera preocupación en su madre, quien teme que esta mejoría pueda ser un indicativo de un empeoramiento en su estado de salud mental.
