La nueva serie “Run”, de seis episodios, se centra en la vida de Brenden Abbott (interpretado por George Mason), un notorio ladrón de bancos. Aunque el título sugiere una historia trepidante, la serie tarda en encontrar su ritmo, saltando en el tiempo y perdiendo impulso con una estructura no lineal que a veces resulta más pretenciosa que efectiva.
Abbott escapó de la prisión de Fremantle en 1989 y permaneció prófugo durante varios años, robando numerosos bancos. El primer episodio culmina con una recreación bien lograda y tensa de su fuga, donde Abbott y su compañero Reynolds (Oscar Redding) se disfrazan con uniformes falsos hechos en el taller de la prisión. Esta secuencia de acción, con un ritmo bien sostenido, podría haber sido un excelente punto de partida, pero los guionistas (Matt Cameron, Anthony Hayes, Sarah Walker y Scout Cripps) optan por comenzar con una visita a prisión entre Abbott y su novia, Jackie (Ashleigh Cummings). A esto le siguen momentos caóticos: un motín en la prisión y, retrocediendo un año, un robo a un banco donde Abbott y un cómplice se esconden en el techo hasta que abre la sucursal. Estos instantes se presentan de forma fugaz, contrastando con la cuidada puesta en escena de la fuga.
La serie presenta a varios personajes secundarios, incluyendo al hermano de Abbott, Glenn (David Howell), y a su madre, Thelma, interpretada por Robyn Malcolm, una actriz que recientemente ha brillado en Mystery Road: Origin season two y After the Party. Malcolm aporta una intensidad emocional y una gravedad notables a su papel, evocando la atmósfera de Animal Kingdom, con diálogos australianos contundentes como “¡Esa chica todavía lo tiene agarrado de las bolas!”.
Aunque la puesta en escena es decente, la estructura errática de la serie proporciona un ritmo irregular que nunca termina de resolverse. De los cinco episodios vistos hasta ahora, el segundo es el más disfrutable, mostrando a Abbott en fuga con Reynolds, un personaje más volátil y explosivo. Las interpretaciones comienzan a destacar y la tensión aumenta, aunque inevitablemente se ralentiza, restando impacto al momento.
Se percibe que Abbott vive en constante movimiento, sin un futuro definido, siempre huyendo y sin arraigo emocional o geográfico. El protagonista no es un santo ni se le presenta como alguien digno de simpatía. Mason le otorga a Abbott un carisma duro y astuto, con un toque de rebeldía. Es inteligente, pero no un genio; más bien un personaje astuto y callejero que brillante y meticuloso. Abbott no es un personaje complejo, pero tiene matices, y Mason aporta la profundidad necesaria.
Otro aspecto de la trama involucra a la policía intentando rastrear a Abbott, una tarea que debió ser frustrante. Esto podría generar una gran tensión dramática, pero rara vez se siente que las apuestas aumentan. Sería más emocionante si los personajes policiales fueran más interesantes; en cambio, son personajes poco desarrollados en la periferia de la narrativa. Keiynan Lonsdale ofrece una actuación agradable como el detective Gary Porter, el hombre más decidido a capturar a Abbott, pero su personaje recibe poca atención, apareciendo esporádicamente y careciendo de un arco narrativo convincente. El arte clave de la serie, una imagen dividida verticalmente con un rostro compuesto de Mason y Lonsdale, es engañoso, sugiriendo que sus personajes tienen el mismo peso en la historia. En realidad, esta es la historia de Abbott.
El ritmo irregular y el ritmo errático de “Run” podrían interpretarse como un reflejo de las circunstancias desconcertantes del protagonista. Sin embargo, la tensión a menudo se disipa justo cuando debería intensificarse, y estructuralmente la serie se siente un poco desenfocada, como una persecución que pierde el rastro.
