Cuando Rusia desplegó el misil balístico Oreshnik en un ataque contra Ucrania, lo presentó como un sistema moderno de nueva generación. Sin embargo, tras analizar sus restos, expertos ucranianos llegaron a una sorprendente conclusión: la tecnología en la que se basa es más propia de la era soviética que del siglo XXI digital. Esto, en sí mismo, no implica una debilidad, sino más bien una elección inquietantemente racional, según informa el portal ucraniano Pravda.
Los especialistas examinaron los restos del misil tras un ataque en Dnipro en 2024. En los sistemas de control identificaron giroscopios analógicos y tubos de vacío, componentes que apenas se utilizan en las armas modernas. Según Andriia Kulchytskyi, del Instituto de Investigación Forense de Kiev, se trata de tecnologías que acompañaron los inicios de la cosmonáutica.
“Aquí está el giroscopio del Oreshnik, el mismo tipo con el que voló Yuri Gagarin”, declaró a CNN.
Ukraine reveals outdated components in Russia’s Oreshnik missilehttps://t.co/kCmASn0Q5m
— Defence Blog (@Defence_blog) January 12, 2026
A primera vista, esto podría parecer una burla. En 2026, los tubos de vacío parecen un relicto de museo. Sin embargo, en la balística se aplican reglas diferentes a las de la electrónica de consumo.
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Resistencia al infierno electromagnético
Los microchips modernos son rápidos, precisos y eficientes, pero tienen una debilidad fundamental: una extrema sensibilidad a los impulsos electromagnéticos (IEM). Un impulso de este tipo se genera, por ejemplo, durante una explosión nuclear a gran altura y puede inutilizar instantáneamente los sistemas digitales, los satélites y la navegación.
Los tubos de vacío, por el contrario, funcionan en un régimen físico completamente diferente. Los IEM prácticamente no los dañan. Un giroscopio analógico no está controlado por software, no necesita actualizaciones ni sincronización con satélites. Si tiene energía e integridad mecánica, sigue funcionando.
El uso de esta arquitectura en el Oreshnik podría no estar relacionado únicamente con las sanciones y la falta de chips modernos. Podría ser una decisión consciente de diseñar un misil para un escenario en el que el mundo digital deje de existir. Es un arma que no necesita GPS, internet ni una red de sensores. Solo necesita física.
“No hay nada extraordinariamente amenazante en el uso de este misil, si observamos su nivel técnico”, declaró Kulchytskyi. “Al mismo tiempo, debo añadir que, en el contexto de una escalada nuclear, la importancia de este diseño cambia”.
Una incómoda ventaja de imprevisibilidad
Otro aspecto que destacan los expertos se relaciona con la defensa antiaérea. Los sistemas modernos de defensa aérea se basan en modelos digitales, algoritmos y el comportamiento estadístico de los objetivos balísticos. Estos modelos se basan en trayectorias conocidas, correcciones de vuelo y firmas de software.
Un sistema analógico se comporta de manera diferente. La trayectoria de vuelo está controlada por la mecánica del giroscopio y las fuerzas físicas, no por el software. Este vuelo no crea patrones digitales típicos que los radares y los algoritmos de defensa “aprendan”. Paradójicamente, esto puede hacerlo menos legible que un misil moderno.
No se trata de que el Oreshnik rompa las leyes de la física. Se trata de que vuelve a un método de control más antiguo, con el que los sistemas actuales cuentan menos. Este “retorno mecánico al pasado” puede complicar la rápida reacción de la defensa en situaciones concretas.
Según fuentes ucranianas, el Oreshnik no surgió de la nada. Se basa en proyectos rusos anteriores que pretendían sustituir a los misiles RS-24 Yars. El desarrollo comenzó antes de 2019 y pasó por varios cambios de nombre y dirección.
“El proyecto se reinició porque el concepto original no funcionaba”, explicó Vadym Skibitskyi, del servicio de inteligencia ucraniano.
Algunas piezas encontradas en los restos llevaban marcas del año 2018, lo que sugiere que Rusia trabajaba con componentes almacenados o reclasificados. Sin embargo, esto no cambia el hecho fundamental. El misil está diseñado para funcionar incluso en condiciones en las que las tecnologías modernas fallen.

Lo antiguo no significa inofensivo
El Oreshnik no parece un milagro tecnológico y ciertamente no representa la cima del desarrollo digital. Sin embargo, encaja en la lógica del conflicto, en el que se contemplan los peores escenarios posibles. Las soluciones antiguas aquí no sirven para la nostalgia, sino para la resistencia.
El misil demuestra que en la guerra moderna no siempre gana el que tiene el chip más nuevo. A veces, basta con un sistema que sobreviva cuando todo lo demás falla.
