La revista Archaeometry, que en el pasado publicó una hipótesis del investigador brasileño Moraes sobre el origen de la Sábana de Turín, ha publicado una refutación por parte de los especialistas Tristan Casabianca, Emanuela Marinelli y Alessandro Piana.
Vatican News
El pasado verano, noticias sobre estudios de la Sábana de Turín informaron sobre el investigador brasileño Cicero Moraes, quien propuso una reconstrucción digital de la imagen de la Sábana que respaldaba la hipótesis de que fue creada en la Edad Media utilizando un bajorrelieve. Una respuesta publicada recientemente en Archaeometry desafía punto por punto la validez de las afirmaciones de Moraes.
Tres especialistas en la Sábana de Turín, Tristan Casabianca, Emanuela Marinelli y Alessandro Piana, criticaron este estudio, que según ellos se basa en objetivos ambiguos, fallas metodológicas y razonamientos erróneos. Con ello, confirman las críticas ya expresadas el pasado verano por el Arzobispo de Turín y Custodio de la Sábana, el Cardenal Roberto Repole, y por el Centro Internacional de Estudios de la Sábana de Turín (CISS). Lo que merece especial énfasis, y es la noticia de estos días, es la importancia de que su crítica se publique en la misma revista académica en la que apareció el artículo original de Moraes.
El debate en curso
El debate sobre la autenticidad de la Sábana siempre ha sido animado, desde la primera fotografía tomada en 1898 por el fotógrafo Secondo Pia. Hoy en día, la controversia continúa principalmente en revistas académicas internacionales. En 2019, la famosa datación por carbono-14 (1260-1390 d.C.), publicada en Nature en 1989, fue cuestionada por un nuevo análisis de los datos brutos publicado precisamente en Archaeometry, una revista asociada con el laboratorio de Oxford que participó en la datación original.
El pasado verano, en la misma revista, el investigador brasileño Cicero Moraes publicó un artículo que apoyaba la tesis del fraude medieval. Según él, un bajorrelieve produce un tipo de contacto que parece corresponder mejor a los contornos visibles en la Sábana que el volumen de un cuerpo humano. A partir de esto, argumentó a favor de un origen artístico medieval. Sin embargo, desde su publicación, el artículo de Moraes suscitó numerosas dudas entre los especialistas. En su declaración, el Cardenal Repole criticó la “preocupación por la superficialidad de ciertas conclusiones, que a menudo no resisten un examen más detenido del trabajo presentado”.
Defectos en el análisis de Moraes
Tras la atención mediática, el comentario publicado recientemente en Archaeometry por Tristan Casabianca, Emanuela Marinelli y Alessandro Piana confirma plenamente la legitimidad de esa crítica inicial. Los autores destacan numerosos defectos en el análisis de Moraes: un modelado anatómicamente deficiente, ya que reproduce solo la imagen frontal, invierte el lado derecho y el izquierdo tanto en los pies como en las manos, y elige arbitrariamente una altura (180 cm) fuera del consenso aceptado (173-177 cm); el uso repetido de términos vagos para afirmar la similitud sin proporcionar nunca mediciones precisas; la elección de una sola imagen, la fotografía de 1931, a pesar de la existencia de otras mucho más recientes. Además, el modelado se simuló no sobre lino, sino sobre algodón.
Aún más preocupante es que el modelado 3D de Moraes ignore las características específicas principales de la Sábana: la extrema superficialidad de la imagen (una profundidad de un quinto de un milésimo de milímetro) y las múltiples confirmaciones independientes de la presencia de sangre, que son incompatibles con cualquier práctica artística medieval. Los autores, por lo tanto, cuestionan el valor real de un modelo que no reproduce fielmente las características anatómicas del Hombre de la Sábana y que ignora sus propiedades fisicoquímicas más significativas. El estudio de Moraes también descuida el hecho de que varias variantes de la hipótesis del bajorrelieve ya habían sido examinadas y rechazadas a principios de la década de 1980 en revistas académicas. También pasa por alto que la cuestión de la deformación anatómica de un cuerpo sobre una tela ya había sido examinada a fondo en 1902 por el científico francés Paul Vignon.
Fundamentos históricos débiles
Según los comentaristas, los fundamentos históricos del estudio inicial también parecen débiles. Moraes tiene que recurrir a períodos y lugares sin conexión entre sí para explicar cómo un artista o falsificador podría haber concebido intelectualmente y producido en la práctica esa imagen única de un Cristo desnudo, mostrado por delante y por detrás, en una escena post-crucifixión. Pero, como señalan Casabianca, Marinelli y Piana, esto equivale a una falacia de composición, un método explicativo que, si se generaliza, socavaría los cimientos mismos de la historia del arte. La imagen está tan fuera del marco artístico tradicional que el principal historiador en el que confía Moraes, William S. A. Dale, estaba convencido de que no podía haber sido creada en la Francia del siglo XIV, sino más bien en el período bizantino, al menos 200 años antes y a 2.000 kilómetros de distancia de Champaña.
En su respuesta a estas críticas, también publicada por la revista, Moraes mantiene sus conclusiones pero especifica que su artículo ofrece una perspectiva “estrictamente metodológica”, centrada en evaluar la deformación morfológica dentro del marco de la proyección de un cuerpo sobre una tela. Sin embargo, Moraes se sale de este marco metodológico para evocar cuatro obras de arte de los siglos XI al XIV que podrían haber inspirado al creador de la Sábana. Sin embargo, ninguna de ellas representa a un Cristo desnudo en una escena post-crucifixión y, por lo tanto, ninguna puede explicar la aparición de la imagen en un pequeño pueblo francés a mediados del siglo XIV.
Desde principios del siglo XX, el Hombre de la Sábana ha suscitado innumerables preguntas e investigaciones científicas. Esta última controversia académica demuestra que, si bien las herramientas modernas, incluidas las digitales, pueden enriquecer nuestro conocimiento, las extrapolaciones sobre el origen de un objeto tan singular como la Sábana requieren un rigor particular, tanto metodológico como histórico.
