La aceleración del desarrollo en inteligencia artificial genera preocupación en Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, quien recientemente advirtió sobre la aparición de nuevas amenazas biológicas y vulnerabilidades en la economía y la seguridad digital a nivel global.
En paralelo, Altman anunció que la fundación sin fines de lucro vinculada a la compañía invertirá al menos 1.000 millones de dólares en la búsqueda de curas para enfermedades durante el próximo año, subrayando la urgencia de una respuesta coordinada ante los riesgos emergentes.
Altman enfatizó el potencial transformador de la inteligencia artificial en el ámbito de la medicina, facilitando “nuevos avances científicos, como curas para enfermedades”, pero advirtió que “la IA presentará nuevas amenazas para la sociedad que debemos abordar”.
El empresario señaló en un mensaje en X que “ninguna empresa puede mitigar estos riesgos por sí sola; necesitaremos una respuesta a nivel social ante cuestiones como nuevas amenazas biológicas, un cambio económico rápido y masivo, y modelos con capacidades extremas que generen efectos complejos en toda la sociedad”.
Durante la Cumbre Impacto de la IA en Nueva Delhi, Altman instó a abordar la regulación de la inteligencia artificial con la misma seriedad que la supervisión de otras tecnologías avanzadas.
Según sus declaraciones, la centralización del control de la IA en una única empresa o país “podría conducir a la ruina”, y propuso la creación de un organismo internacional, similar al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con la capacidad de responder “rápidamente a las circunstancias cambiantes” y coordinar las regulaciones a nivel global.
Altman enfatizó la urgencia de una regulación efectiva: “Esto no significa que no necesitemos ninguna regulación o medida de seguridad. Es evidente que las necesitamos, urgentemente, tal como las hemos necesitado para otras tecnologías potentes”.
El ejecutivo señaló que la sociedad se enfrenta a la disyuntiva de democratizar la IA para “garantizar que la humanidad prospere” o concentrar su control, con consecuencias potencialmente perjudiciales.
En una intervención ante la Reserva Federal de Estados Unidos, Altman alertó sobre el creciente riesgo de fraude digital impulsado por la inteligencia artificial, destacando la capacidad actual de estas tecnologías para imitar la voz humana y comprometer los sistemas de autenticación.

“Algo que me aterra es que, al parecer, todavía hay instituciones financieras que aceptan la huella de voz como autenticación para mover grandes cantidades de dinero”, afirmó Altman.
El CEO consideró estos mecanismos como “obsoletos” y previó la llegada de una “crisis de fraude inminente”. Explicó que las amenazas no se limitan a las llamadas telefónicas: la IA ya permite generar videollamadas realistas, lo que dificulta la verificación de identidades y aumenta el potencial de ataques en el entorno digital.
La expansión de la inteligencia artificial, según Altman, tiene el potencial de reconfigurar los mercados laborales y facilitar la aparición de amenazas sin precedentes.

Estudios y expertos han señalado, en línea con las advertencias del director de OpenAI, la posibilidad de que la IA cause disrupción laboral, el desplazamiento de empleos, la aparición masiva de *deepfakes* sexualizados y nuevas estafas en línea.
En cuanto al mercado laboral, Altman afirmó que “la tecnología siempre altera los empleos; siempre encontramos cosas nuevas y mejores que hacer”, aunque reconoció la necesidad de políticas públicas de adaptación al cambio.
En este sentido, las advertencias de los líderes de la industria tecnológica sitúan el debate tanto en el terreno de la innovación como en la urgencia de establecer controles y políticas de adaptación social y económica para hacer frente a las consecuencias de la tecnología en la próxima década.
