Una nueva investigación de la Universidad de Cornell y la Universidad de Connecticut revela que las inversiones cromosómicas –ocurren cuando un fragmento de cromosoma que contiene decenas o miles de genes se rompe, se invierte y se vuelve a unir– ayudan a las especies acuáticas a mantener diferencias genéticas adaptadas a diversas regiones, incluso cuando se cruzan.
El estudio, publicado en la revista Science, se centró en el Menidia menidia, conocido como silverside atlántico, un pequeño pez que habita a lo largo de la costa atlántica de los Estados Unidos. Los investigadores descubrieron que estas inversiones cromosómicas influyen significativamente en las tasas de crecimiento y el número de vértebras de los peces.
Según Nina Overgaard Therkildsen, profesora asociada de recursos naturales y medio ambiente y coautora principal del estudio, “cada inversión cromosómica bloquea un gran conjunto de genes, formando efectivamente un interruptor genético con dos estados: invertido o no invertido. Lo sorprendente es que múltiples ‘interruptores’ pueden combinarse para generar una variación continua, no solo diferencias de encendido o apagado”.
El equipo de investigación, que incluyó a Hannes Baumann, profesor asociado de la Universidad de Connecticut, y David Conover, profesor emérito de la Universidad de Oregon, analizó silversides capturados en Georgia y Nueva York, cruzándolos y criando a su descendencia bajo diferentes temperaturas para simular las condiciones a lo largo de la costa atlántica.
Este estudio proporciona información valiosa sobre cómo la selección natural y la adaptación operan en los océanos, destacando el papel crucial de las inversiones cromosómicas en la evolución de las especies.
