Los intentos prolongados por concebir un hijo y los tratamientos de reproducción asistida pueden desgastar gravemente la vida sexual de las parejas. Según los expertos, la presión de planificar las relaciones y la fatiga de los procesos clínicos generan disfunciones eréctiles, ansiedad y un distanciamiento emocional frecuente tras la llegada de un bebé.
El instinto de formar una familia puede desencadenar un proceso complejo que muchas veces pasa factura en la intimidad. Marta, una madrileña de 53 años, conoció a su pareja cuando tenía 42 años. Debido a que él presentaba una condición conocida como oligoastenozoospermia —pocos espermatozoides y algo lentos—, la pareja recurrió a técnicas de reproducción asistida durante casi dos años hasta lograr un embarazo mediante fecundación in vitro.
Aunque lograron su objetivo de ser padres, el proceso afectó profundamente su relación. Siempre se habla del calvario de los tratamientos. En mi caso, lo peor fue comprobar que todo el proceso había desgastado nuestra vida sexual
, cuenta Marta en El País, donde añade que ganaron la batalla de la concepción pero perdieron la de la pareja, lo que eventualmente derivó en una separación.
El síndrome infertosexual y el impacto en la salud sexual
Esta afectación clínica e emocional ya tiene nombre en el ámbito médico. Según Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga y terapeuta del Centro Máxima además de directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, este fenómeno se conoce como el síndrome infertosexual. El concepto describe la alteración y disfunción sexual, emocional y psicológica que sufren los miembros de una pareja sometidos a diagnósticos de infertilidad y tratamientos de reproducción asistida.
La planificación rigurosa de los encuentros íntimos altera de forma directa la respuesta fisiológica de ambos sexos. Estudios citados por la especialista señalan que el 46% de los hombres que intentan ser padres experimentan problemas de disfunción eréctil durante los días de la ovulación. Por su parte, las mujeres suelen manifestar un deseo ansioso
que responde más a una urgencia biológica por la maternidad que a la propia excitación sexual.
Cambios hormonales y las exigencias de la paternidad temprana
Cuando las técnicas de fertilidad tienen éxito, la crianza del bebé inaugura una nueva etapa donde la sexualidad suele desaparecer. De acuerdo con los datos aportados por la doctora Molero, los padres que se implican de manera intensa en el cuidado de sus hijos experimentan cambios en su perfil hormonal, segregando mayores niveles de vasopresina, oxitocina y prolactina.
Evidencias longitudinales de diversos estudios apuntan a que estos cambios provocan una disminución en la testosterona de los hombres durante la transición a la paternidad. A esto se suma la presión psicológica que recae sobre el varón durante la búsqueda del embarazo. La necesidad de la eyaculación puede generar mucha presión y, si no se está a la altura, puede traer un recuerdo negativo a posteriori: ‘No fui capaz de tener relaciones cuando era necesario’
, advierte la sexóloga.
Recomendaciones clínicas para evitar el estrés reproductivo
Para prevenir que el sexo se transforme en una obligación médica agobiante, las clínicas de fertilidad integran cada vez más a psicólogos y sexólogos en sus equipos. Entre las pautas habituales para mitigar el desgaste, los especialistas aconsejan abandonar los calendarios rígidos.
Los profesionales sugieren mantener relaciones un día sí y otro no alrededor de la fecha de ovulación, recordando que el óvulo tiene una vida útil de 24 horas y los espermatozoides de entre dos y cinco días. Evitar la frecuencia diaria protege la calidad del semen e impide que la intimidad se reduzca a una tarea ineludible.
Nosotros recomendamos tenerlas un día sí y otro no en torno a la ovulación, teniendo en cuenta que el óvulo tiene una vida de 24 horas y los espermatozoides de entre dos y cinco días. No es obligatorio ni deseable tener relaciones todos los días, ya que la calidad del semen empeora cuando se eyacula tan frecuentemente. Tratamos de evitar a toda costa que el sexo se convierta en una tarea estresante e ineludible.
Especialista en fertilidad, citado en El País
El reencuentro de la pareja tras los tratamientos requiere un proceso de reconstrucción que va desde la intimidad básica —como besos, abrazos y caricias— hasta la recuperación de la sexualidad genital. Para superar el síndrome infertosexual, Molero subraya la necesidad de evaluar las motivaciones individuales, trabajar la comunicación, reconocer el duelo por los proyectos no consumados y gestionar las frustraciones sin reproches mutuos.
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