Numerosos editores de software, injustamente penalizados por el mercado, cotizan actualmente por debajo de su valor real.
A finales de enero, las bolsas experimentaron una fuerte caída, impulsada en gran medida por el descenso en la cotización de las acciones de las empresas de software. Si bien los resultados de compañías como ServiceNow, SAP o Microsoft fueron, en términos generales, sólidos, su crecimiento fue ligeramente inferior a las expectativas. Además, no se prevé una aceleración a corto plazo, lo que, en el contexto actual, fue suficiente para desencadenar ventas masivas. No obstante, a pesar de su considerable impacto en el mercado, este episodio refleja más bien el funcionamiento actual del mercado que un deterioro repentino de los fundamentos de la industria del software.
La estructura del mercado amplifica las caídas
La estructura del mercado ha evolucionado significativamente en los últimos años, hasta el punto de que, actualmente, aproximadamente dos tercios del volumen de las transacciones provienen de fondos indexados, fondos de cobertura e inversores individuales. Estos actores tienden a reaccionar de forma mecánica, reduciendo su exposición en cuanto el precio de una acción disminuye, sin volver a examinar sus fundamentos.
Esta situación ha provocado una escasez de inversores “contrarios” capaces de intervenir rápidamente tras la corrección de las expectativas. Esto explica la velocidad y la magnitud de las ventas, así como sus correlaciones, incluso cuando los modelos de negocio de las empresas afectadas son muy diferentes. Como se observó a finales de enero, las ventas afectaron a todo el sector del software y la ciberseguridad, sin ninguna discriminación en cuanto a las particularidades de los diferentes actores. Por lo tanto, se podría afirmar que esta corrección no fue el resultado de una reevaluación fundamental de las empresas afectadas, sino de un efecto de flujo y correlaciones.
Un patrón recurrente
Movimientos similares ya se han producido en varias ocasiones en los últimos años y su frecuencia tiende a aumentar. En la actualidad, el principal temor es que la inteligencia artificial (IA) represente una amenaza existencial para los editores de software empresarial. Sin embargo, si bien es innegable que el sector se está volviendo más maduro, lo que se traduce en una desaceleración de su crecimiento, esto no significa necesariamente que se enfrente a problemas estructurales.
La IA generativa ha avanzado de forma impresionante, especialmente en el desarrollo de software empresarial. Pero esto no implica que estos programas se reescriban por completo o se reemplacen masivamente. En este ámbito, la selectividad es crucial. Si bien es cierto que el software de aplicación simple podría, con el tiempo, ser más fácil de copiar o reemplazar, no ocurre lo mismo con los sistemas de registro de datos críticos para una empresa, especialmente aquellos relacionados con las operaciones, las finanzas y la normativa. Estos sistemas están profundamente arraigados en la empresa, en sus procesos y departamentos. Por lo tanto, su fiabilidad, seguridad, disponibilidad y seguimiento a largo plazo son al menos tan importantes como su funcionalidad. Cambiarlos implica costes elevados, por lo que el riesgo de reemplazo es estructuralmente bajo.
Empresas como ServiceNow, Intuit, SAP y Roper trabajan precisamente en este segmento y su oferta va más allá de la simple funcionalidad: se trata de dominar el contexto del negocio principal, orquestar los flujos de trabajo dentro de la empresa y estar integradas en las operaciones diarias. En muchos casos, la IA mejora el valor estratégico de los sistemas de registro, ya que se aplica directamente donde residen los datos. Por lo tanto, no reemplaza estos sistemas ni disminuye su valor.
La adopción será gradual
La IA generativa es, por naturaleza, probabilística. Se necesitará tiempo para que se integre de forma fiable en los flujos de trabajo empresariales donde no hay lugar para sus “alucinaciones”. Además, muchas empresas aún deben superar varias etapas, como migrar a la nube, integrar los sistemas y limpiar los datos para que puedan utilizarse eficazmente en procesos impulsados por la IA. Estos requisitos previos son indispensables para que la IA pueda desempeñar un papel significativo. Empresas como Snowflake o Datadog, activas en el segmento del software de infraestructura, deberían beneficiarse de esta evolución.
Aún se desconoce si los primeros en proponer flujos de trabajo evolutivos en las empresas serán los laboratorios de investigación de IA o los editores de software tradicionales. Pero una cosa es cierta: la transición no será instantánea. En un futuro previsible, las empresas deberían adoptar un enfoque con intervención humana en el que los agentes de IA tengan funciones de asistencia y aceleración de los flujos de trabajo y los humanos conserven la responsabilidad de la validación, la supervisión y la toma de decisiones. Debido a que esta interacción se produce donde los empleados ya trabajan, es más probable que la IA se integre en entornos de software existentes, en lugar de implementarse como un sistema de reemplazo autónomo.
¿Qué pensar del mercado?
Identificar un mínimo es una tarea ardua, ya que la irracionalidad de los mercados puede prolongarse mucho más allá de lo que justificarían los fundamentos. Sin embargo, el mercado ya se ha corregido significativamente y muchas empresas de software han visto su valoración dividida por dos, mientras que sus ingresos y beneficios seguían progresando a un ritmo sostenido. Un número considerable de valores cotizan al nivel o por debajo de los múltiplos de mercado, lo que implica que su crecimiento futuro es limitado. No obstante, estimamos que el valor real de muchas de ellas es superior al que sugieren los precios actuales.
Vender a este nivel se debe más al temor a que las condiciones empeoren a corto plazo que a una pérdida de confianza en los fundamentos a largo plazo.
Las empresas activas en el segmento del software de alta calidad, en particular los sistemas de registro de datos críticos profundamente arraigados en las operaciones, se benefician de costes de transición duraderos y siguen generando flujos de caja sólidos. A sus niveles actuales, sus precios implican un grado de incapacidad estructural que no está justificado por los fundamentos. Con el tiempo, a medida que la incertidumbre en torno a la adopción de la IA se disipe y los fundamentos se reafirmen, la brecha entre el precio y el valor intrínseco de las acciones de estas empresas debería reducirse.
