Soñar que caes al vacío es una experiencia onírica recurrente vinculada a la sensación de pérdida de control, según los estudios sobre el sueño. Aunque carece de un significado psicológico universal demostrado, la ciencia explora su relación con la continuidad de la vida real, la simulación de amenazas y la regulación emocional.
Sin embargo, los datos empíricos permiten dimensionar qué tan común es este fenómeno.
¿Qué tan frecuente es soñar con caídas al vacío?
En el año 2018, un estudio codificó los sueños más recurrentes tras entrevistar a 2.879 personas, según la investigación comandada por los científicos Michael Schredl y Anja S. Goritz. Aproximadamente el 15% de los participantes señalaron que sueñan frecuentemente con accidentes, categoría que incluye las caídas al vacío.
El hecho de que tantas personas sin conexión entre sí reporten una experiencia similar demuestra que existe un trasfondo digno de análisis. No obstante, las explicaciones pseudocientíficas que relacionan estas caídas con el miedo al fracaso o con cambios inminentes carecen de evidencia que las sustente.
¿Qué dice la hipótesis de la continuidad sobre los sueños?
La ciencia actual aborda estos fenómenos a través de distintas líneas de investigación. La primera es la hipótesis de la continuidad, basada en un estudio publicado en 2003 por Michael Schredl y Friedrich Hofmann, la cual postula que los sueños incorporan vivencias y emociones relevantes de la vida real.
Ese trabajo probó empíricamente que existe una conexión directa entre las actividades cotidianas y los relatos oníricos. No obstante, el estudio reconoció las limitaciones del campo al no poder establecer una relación causal exacta que explique por qué el cerebro decide rememorar ciertas vivencias específicas y desechar otras.
¿Simula el cerebro amenazas o procesa emociones mientras dormimos?
Existen otras dos líneas teóricas principales para entender estas experiencias nocturnas. Por un lado, el psicólogo e investigador finlandés Antti Revonsuo propuso que los sueños funcionan como una simulación de amenazas que permite al organismo ensayar respuestas defensivas ante peligros reales, como lo sería una caída.
Por otro lado, los defensores de la regulación emocional sugieren que soñar ayuda a procesar vivencias cargadas de afecto. Trabajos como el realizado en 2006 por la psicóloga Rosalind Cartwright y sus colaboradores con personas divorciadas demostraron que las preocupaciones personales y el estado de ánimo influyen directamente en el contenido de los sueños.
En el caso específico de la caída al vacío, la transmisión emocional —caracterizada por vértigo, miedo o pérdida de control— se vincula con la reorganización de experiencias afectivas, aunque la ciencia todavía desconoce si esta función onírica produce un alivio posterior directo.
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