Rivalidad, admiración y un lado desconocido: la biografía de Alain Souchon revela la compleja relación con Serge Gainsbourg en la década de 1980, desvelando una faceta inesperada de dos íconos de la música francesa.
La música francesa siempre ha sido escenario de encuentros explosivos entre grandes figuras. Alain Souchon, con su voz sensible y letras agridulces, ha marcado a generaciones. Frente a él, Serge Gainsbourg, el poeta maldito, provocador incansable y eterno rebelde del show business. Fue durante el rodaje de la película “Je vous aime” de Claude Berri, a principios de los años 80, cuando ambos artistas se conocieron realmente, y la conexión no fue inmediata.
En Alain Souchon, La Vie, c’est du théâtre et des souvenirs, publicado por L’Archipel el 11 de abril de 2024, Souchon revela los entresijos de esta relación electrizante, marcada por la admiración, una feroz rivalidad y un palpable malestar. Con el paso del tiempo, sus recuerdos oscilan entre confesiones mordaces y revelaciones conmovedoras, mostrando una faceta inesperada del genial Gainsbourg.
Souchon relata sus tensos intercambios y su visión matizada de Gainsbourg
El tan temido encuentro tuvo lugar en el set de “Je vous aime”. Frente a las cámaras, todo parecía bajo control. Pero en cuanto se apagaban las luces, la atmósfera se volvía eléctrica. Serge Gainsbourg, fiel a su personaje de dandy desencantado, lanzaba pullas sutiles: “Alors, comment va le business?” (¿Cómo va el negocio?). A estos ataques camuflados de ironía, Alain Souchon respondía con orgullo, recordando que para él la canción es, ante todo, un arte, no una simple cuestión de cifras.
Sin embargo, ninguno de los dos quería exagerar la confrontación. Ambos artistas, tímidos y orgullosos, a menudo jugaban un doble juego: bajo las burlas y las actitudes desafiantes, la incomodidad y la fragilidad siempre estaban presentes. Souchon, para disimular su malestar, se permitía algunas bromas, pero Gainsbourg no le gustaba que lo provocaran. Una atmósfera de rivalidad constante, aderezada con un toque de seducción, donde cada uno intentaba impresionar sin revelarse por completo.
Pero detrás de estos tensos intercambios, el autor de “Foule Sentimentale” ofrece una mirada conmovedora al creador de “La Javanaise”. Lo describe como un hombre refinado y sensible, prisionero del provocador disfraz de “Gainsbarre”, un papel de chico malo adoptado para ocultar una verdadera pudor. Estas inesperadas confidencias son invaluables y permiten ver a Gainsbourg con más humanidad, lejos del mito intocable.
Una admiración de antaño y recuerdos significativos, revisitados
La rivalidad nunca borró la admiración. Mucho antes de su colaboración en la gran pantalla, Alain Souchon ya había rendido homenaje a Gainsbourg al versionar “Elisa” en 1978. Un guiño público, discreto pero sincero a aquel que había abierto nuevos caminos en la canción francesa. Más tarde, estos recuerdos resurgen en la biografía, revelando una visión mucho más compleja del legendario “Gainsbarre”: un hombre frágil, terriblemente pudoroso, a menudo incómodo en el juego de espejos impuesto por la fama.
Estos relatos de Souchon ofrecen una visión poco común del backstage de la música francesa. Aprendemos sobre la importancia de la mirada ajena, el impacto de una rivalidad artística llevada al extremo, pero también la ternura que, a pesar de las tensiones, siempre termina prevaleciendo. Este testimonio auténtico invita a revisitar, con una nueva perspectiva, una época crucial: aquella en la que la canción francesa equilibraba rivalidades íntimas y un respeto inquebrantable.
Rivalidad y fragilidad: un mito Gainsbourg revisado por Souchon
La biografía tiene un doble mérito: revela la insospechada vulnerabilidad de Serge Gainsbourg, pero también plantea, por extensión, la cuestión de las apariencias en el universo muy codificado de la canción francesa. Frente a las cámaras, ambos hombres actuaban para el público. En el camerino, la modestia era la protagonista, salpicada de gestos torpes e intercambios atormentados. El relato de Souchon matiza la leyenda negra de Gainsbourg, revelando a un artista tímido, muy lejos del provocador perpetuo que a menudo se caricaturizó bajo el nombre de “Gainsbarre”.
Detrás de cada frase ingeniosa, una grieta; detrás de cada toque de humor, una admiración inconfesable. La confesión de Souchon actúa como un revelador, incitando a mirar con menos dureza y más lucidez a las grandes figuras de la canción.
Fuentes: Closer, Télé-Loisirs
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