Después de 15 años de su estrepitosa caída, Eric Prince, fundador de la empresa de seguridad privada Blackwater, regresa al escenario a través de nuevos contratos en la República Democrática del Congo.
El hombre cuyo nombre quedó ligado a la privatización de la “guerra contra el terrorismo” durante la presidencia de George W. Bush, ha encontrado un nuevo nicho en el corazón de África, donde se encuentran minerales estratégicos disputados por estadounidenses y chinos, según informa Africa Report.
Prince nunca desapareció, sino que se movió entre ciudades y países inestables, buscando oportunidades en zonas de alto riesgo.
El camino de un hombre con afán de aventura
Prince abandonó Estados Unidos en 2010 tras vender Blackwater a raíz del escándalo de la plaza Nisour en Bagdad en 2007, donde elementos de su empresa mataron a 17 civiles iraquíes.

Aunque este incidente puso fin a “el ejército privado más poderoso del mundo”, Prince no se retiró. Lanzó programas para combatir la piratería en Somalia y luego intentó invertir en cobre a través de su empresa Frontier Services Group, cotizada en la bolsa de Hong Kong.
Aunque la experiencia no tuvo mucho éxito, mantuvo su presencia en el Congo junto a empresas chinas en la región de Katanga.
Según Africa Report, Prince se veía a sí mismo como “un experto en logística” más que como un inversor tradicional, y considera que el futuro de los coches eléctricos convierte al Congo en un centro mundial de riqueza.
Impuestos a la minería: ¿soberanía o privatización?
En diciembre de 2024, tras dos años de negociaciones, Prince firmó un contrato con el Ministerio de Finanzas congoleño para crear una “fuerza” encargada de recaudar impuestos a las empresas mineras.

El proyecto, que podría extenderse al petróleo, el gas y la madera, se presenta como un medio para fortalecer la soberanía del Estado. Pero, en realidad, plantea interrogantes sobre el grado de dependencia del Congo de empresas privadas para gestionar sus recursos.
Según Africa Report, se estima que decenas de miles de millones de ingresos fiscales se pierden debido a la manipulación de registros, lo que brinda a Prince la oportunidad de comercializarse como un salvador financiero del Estado.
La dimensión de seguridad: de los impuestos a los aviones
Con el colapso del ejército congoleño frente a los ataques del movimiento M23 en 2025, surgió la posibilidad de que el contrato de Prince se ampliara para incluir apoyo logístico y de seguridad.
Fuentes consultadas por Africa Report hablaron de su interés en el mercado de mantenimiento de aviones militares y de sus contactos con el Estado Mayor e incluso con el presidente Félix Tshisekedi en Nueva York al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La presencia de mercenarios de diferentes nacionalidades en el este del Congo también abre la puerta a que Prince forme parte de una compleja red de actores internacionales.
Conexión con el acuerdo Trump
El 4 de diciembre actual, el presidente estadounidense Donald Trump firmó un acuerdo de paz entre el Congo y Ruanda, junto con una “asociación estratégica” con Kinsasa que permite a las empresas estadounidenses acceder a privilegios mineros.
En este contexto, Prince es visto como un actor indirecto pero destacado en la conexión del Congo con el sector privado estadounidense, según Africa Report.
Asesores de Trump niegan cualquier relación formal entre el proyecto de Prince y la política estadounidense, pero el propio Prince afirma: “Conozco a algunas personas en la administración y me escucharán si hago suficiente ruido”.
Una lectura más profunda de la personalidad de Prince
Eric Prince no es solo un empresario en busca de contratos, es la personificación de una nueva etapa de la privatización de los conflictos internacionales.
