Muchas mujeres en la mediana edad, alrededor de los cuarenta y tantos años, se enfrentan a una paradoja desconcertante: a pesar de mantener una dieta equilibrada y realizar ejercicio regularmente, comienzan a experimentar cambios en su peso, la ropa les queda más ajustada y aparece grasa abdominal sin modificaciones significativas en su estilo de vida. Este fenómeno, tradicionalmente atribuido a la menopausia, según datos médicos, tiene sus raíces años antes.
Un reciente informe científico publicado por ScienceAlert revela que médicos de atención primaria, endocrinólogos y especialistas en el manejo de la obesidad confirman que estas quejas son comunes entre mujeres que llevan un estilo de vida saludable. Sin embargo, sus cuerpos entran en una fase fisiológica diferente conocida como “perimenopausia”, un período de transición que puede durar varios años antes de que cese la menstruación por completo.
Durante esta etapa, la eficiencia del cuerpo para procesar azúcares y carbohidratos disminuye, y el metabolismo basal se ralentiza, lo que provoca un aumento gradual de peso, especialmente en la zona abdominal, incluso sin cambios notables en la alimentación o la actividad física. El impacto no se limita al número que aparece en la báscula; los estudios indican una transformación en la composición corporal, con una pérdida de masa muscular a cambio de un aumento de grasa profunda que rodea los órganos vitales.
Esta grasa visceral representa un factor de riesgo para la salud, ya que está asociada con una mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas, problemas hepáticos y trastornos del sueño. Los especialistas advierten contra la aplicación del consejo tradicional de “comer menos y moverse más”, enfatizando que no tiene en cuenta la complejidad hormonal de esta etapa de la vida.
Los expertos consideran que el entrenamiento de fuerza y los ejercicios de resistencia son fundamentales para mantener la masa muscular y mejorar la sensibilidad a la insulina, además de la importancia de consumir suficientes proteínas, dormir bien y controlar el estrés. También subrayan la necesidad de que los chequeos médicos periódicos se centren en la salud metabólica y la composición corporal, no solo en el peso, y de discutir las opciones de tratamiento hormonal de manera temprana cuando sea necesario.
Los médicos concluyen que el metabolismo no se detiene con la edad, sino que se recalibra para una nueva fase, y que comprender estos cambios permite a las mujeres adaptarse de manera saludable a sus cuerpos en lugar de entrar en una lucha constante con ellos.
