¿Por qué los medicamentos para la diabetes podrían no ser efectivos? La clave está en la microbiota intestinal
Algunos pacientes que utilizan la metformina, uno de los fármacos de primera línea más comunes para el tratamiento de la diabetes, pueden notar que el efecto del medicamento no es el esperado. Según la nutricionista Lyu Mei-bao, la razón podría no residir en el fármaco en sí, sino en metabolitos producidos por un desequilibrio en la microbiota intestinal que contrarrestan su acción.
Las bacterias intestinales transforman los alimentos diariamente en diversos metabolitos que influyen directamente en la respuesta inflamatoria y los niveles de glucosa en sangre. Uno de estos metabolitos, el ácido imidazolpropiónico (ImP), ha captado una atención considerable en años recientes.
Ciertas bacterias intestinales convierten la histidina de los alimentos en ImP. Cuando existe un desequilibrio en la flora intestinal, esta conversión aumenta significativamente, provocando una acumulación de ImP en la sangre. Un estudio publicado en la prestigiosa revista Cell en 2018 confirmó que los pacientes con diabetes presentan concentraciones significativamente más altas de ImP.
El problema radica en que el ImP inhibe la activación de la proteína AMPK, la cual es la ruta clave a través de la cual la metformina ejerce su efecto reductor de la glucosa en sangre. Esto crea un ciclo donde el aumento de ImP reduce la eficacia del medicamento.
Una investigación realizada en 2020 con casi 2,000 participantes de tres países europeos identificó dos patrones alimentarios estrechamente relacionados con el aumento de ImP:
- Dietas altas en grasas saturadas: El consumo excesivo de carnes rojas, carnes procesadas, mantequilla y alimentos fritos favorece el crecimiento de un tipo de microbiota desequilibrada (Bacteroides 2), la cual es capaz de producir grandes cantidades de ImP y está asociada con la obesidad, el síndrome metabólico y la diabetes.
- Insuficiente consumo de verduras y fibra: La falta de fibra dietética priva a las bacterias beneficiosas de nutrientes, permitiendo que las bacterias perjudiciales predominen y reduciendo la diversidad de la microbiota intestinal, lo que eleva la concentración de ImP.
El estudio destacó que la cantidad total de histidina ingerida no fue significativamente diferente entre los grupos; por lo tanto, el factor determinante de los niveles de ImP no es la cantidad de histidina consumida, sino la estructura y composición de la microbiota intestinal.
Dado que la microbiota intestinal se remodela diariamente según la alimentación, se recomienda a las personas que toman metformina o que buscan mejorar la resistencia a la insulina adoptar el principio del «plato 211» para optimizar su salud intestinal.
