Debido a la naturaleza de las enfermedades virales, no existen medicamentos específicos que actúen como una cura definitiva.
En este contexto, el uso de antibióticos oftálmicos y antiinflamatorios desempeña un papel complementario o de apoyo. Estos medicamentos se utilizan principalmente para prevenir infecciones bacterianas secundarias y para reducir la respuesta inflamatoria.
Es fundamental distinguir la función de ambos fármacos: los antiinflamatorios actúan reduciendo la inflamación (que se manifiesta a través de hinchazón, calor y dolor), mientras que los antibióticos están diseñados para tratar infecciones causadas por bacterias o detener su crecimiento, por lo que no tienen efecto contra los virus.
