Se ha reportado un hallazgo impactante en una escena del crimen, donde se identificó un fenómeno biológico muy poco común. Según la información disponible, se reveló que la víctima presentaba dos perfiles de ADN.
ADN
El artista valenciano Zzoilo será el encargado de componer el tema musical oficial de la ‘Germanor’ de las Fallas 2026. El anuncio se realizó este lunes, a pocos días de la presentación del tema, que tendrá lugar el 19 de febrero a las 12:00 horas en el Black Note Club, en colaboración con Amstel.
Según explican desde la marca cervecera, la canción busca capturar el sentimiento de unión que define a la Comunidad Valenciana, un valor arraigado en su cultura y en la propia identidad de Amstel. El ‘single’ marcará el pistoletazo de salida de las Fallas y de todas las actividades programadas para este año.
Actuación del artista
Durante el evento de presentación, se proyectará un manifiesto que explora los valores de la ‘Germanor’, con la participación de figuras destacadas como el pirotécnico Ricardo Caballer, el chef Pablo Margós, la ceramista Ana Illueca y el diseñador de moda Adrián Salvador. Estos embajadores representan diversos ámbitos de la cultura, la gastronomía y la creatividad local. Tras la presentación, los asistentes disfrutarán de un esmorzar y de un concierto de Zzoilo.
Tras Nino Bravo
Este nuevo tema musical continúa la línea iniciada con «Mi Tierra, Feta de Germanor», una reinterpretación del icónico tema de Nino Bravo que logró un Disco de Oro el año pasado, superando los cuatro millones de reproducciones. Esa versión contó con la colaboración de las bandas de indie español Varry Brava, La Casa Azul y La Habitación Roja, quienes unieron sus voces a la de Nino Bravo para, según la compañía, acercar el legado del cantante de Aielo de Malferit a nuevas generaciones y emocionar a sus seguidores más antiguos.
Un nuevo enfoque en la investigación biomédica ha abierto una puerta a la posibilidad de revertir el envejecimiento. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha dado luz verde a la empresa emergente Life Biosciences, cofundada por el biólogo de Harvard David Sinclair, para iniciar ensayos clínicos en pacientes con glaucoma utilizando un tratamiento experimental llamado ER-100.
Según informa la revista MIT Technology Review, el objetivo de este ensayo es determinar si la introducción de genes de reprogramación en el ojo puede restaurar la función celular y tratar enfermedades relacionadas con la edad, como la pérdida de visión. Sinclair, a través de la plataforma X, expresó su optimismo, afirmando que “el envejecimiento tiene una explicación relativamente simple y, al parecer, es reversible”, y anticipó el pronto inicio de los ensayos clínicos.
Esta iniciativa surgió a raíz de una conversación entre Sinclair y Elon Musk, quien en el Foro de Davos describió el envejecimiento como un problema “resoluble”. Sinclair confirmó que ER-100 es el tratamiento al que se refería.
La estrategia experimental se basa en la introducción de los factores de Yamanaka –genes de reprogramación– en el ojo de pacientes con glaucoma, una enfermedad caracterizada por el aumento de la presión intraocular y el daño progresivo al nervio óptico. La primera fase del estudio involucrará a una docena de voluntarios que recibirán una inyección de un virus portador de tres genes reprogramadores en uno de sus ojos. La activación genética se controlará mediante dosis bajas de doxiciclina, administradas durante un período de observación de dos meses.
Michael Ringel, director de operaciones de Life Biosciences, calificó el inicio del ensayo clínico como un “acontecimiento trascendental” y afirmó que, por primera vez en la historia, se pondrá a prueba un método que podría “rejuvenecer”.
Este avance ha despertado el interés de empresas de Silicon Valley como Altos Labs, New Limit y Retro Biosciences, que están invirtiendo importantes sumas de dinero en el desarrollo de terapias de rejuvenecimiento celular. El fundamento biotecnológico del estudio se basa en el descubrimiento, galardonado con el Premio Nobel hace dos décadas, de que la introducción de ciertos genes puede revertir una célula especializada a un estado de célula madre, funcionando como un “restablecimiento de fábrica”.
Si bien la reprogramación total puede inducir la formación de tumores en animales de laboratorio, las investigaciones actuales se centran en la “reprogramación parcial” o “transitoria”, limitando el tiempo o el número de genes utilizados para evitar la pérdida de identidad celular y reducir el riesgo oncológico.
En 2020, Sinclair publicó en la revista Nature que la reprogramación parcial restauró la visión en ratones con lesiones en el nervio óptico y promovió la regeneración de fibras nerviosas. No obstante, la comunidad científica mantiene reservas sobre la magnitud y validez de estos resultados como una verdadera reversión del envejecimiento.
Karl Pfleger, inversor de Shift Bioscience, comparó la reprogramación con “la inteligencia artificial del mundo biológico” y confirmó que Life Biosciences está buscando nuevas rondas de financiación para continuar con sus investigaciones.
El debate sobre los límites de la longevidad y la reversión del envejecimiento se ha intensificado tras el diálogo entre Musk y Larry Fink. Musk señaló que nunca ha observado un brazo envejecido y uno joven en la misma persona, sugiriendo la existencia de un “reloj sincronizador” en las células del cuerpo humano. Considera probable que se desarrollen “formas de extender la vida e incluso revertir el envejecimiento”, aunque también advierte sobre los posibles riesgos sociales de una vida prolongada indefinidamente.
La figura de Sinclair y sus propuestas antienvejecimiento han generado controversia. En el pasado, ha promovido los beneficios de las sirtuinas y el resveratrol, presente en el vino tinto, aunque algunos críticos cuestionan la solidez de sus hallazgos. Un reciente reportaje del The Wall Street Journal lo describió como un “gurú del antienvejecimiento” y planteó dudas sobre los logros concretos de sus empresas.
Un virus común de la infancia, causante de la roséola en bebés, ha demostrado tener una historia mucho más larga y compleja de lo que se pensaba. Investigaciones recientes revelan que este virus no solo ha infectado a los humanos durante milenios, sino que, en algunos casos, ha integrado su material genético en nuestro ADN, transmitiéndose de generación en generación.
Científicos de la Universidad de Viena, en Austria, lograron reconstruir genomas antiguos del betaherpesvirus humano 6 (HHV-6) a partir de restos arqueológicos encontrados en diversas partes del mundo. La investigación, publicada en la revista Science Advances, proporciona la primera evidencia concreta de que el HHV-6 ha coevolucionado con los humanos durante al menos 2.500 años.
El virus de la roséola: una presencia ancestral en la humanidad
Durante más de dos milenios, el virus responsable de la roséola en bebés ha mantenido una relación inusual con los seres humanos. En raras ocasiones, su material genético se incorpora a nuestros cromosomas y se hereda como parte del genoma humano, según indica una nota de prensa. El estudio, que contó con la colaboración de la Universidad de Tartu en Estonia, reconstruyó por primera vez genomas antiguos del virus herpes humano tipo 6 (HHV-6A y HHV-6B) a partir de restos arqueológicos, confirmando esta relación que se remonta al menos a la Edad de Hierro.
El HHV-6 se presenta en dos variantes principales: HHV-6B, que infecta a aproximadamente el 90% de los niños antes de los dos años y es la causa principal de la “sexta enfermedad” o roséola, y HHV-6A, menos común. Lo particular de este virus es su capacidad para insertar su ADN en los cromosomas humanos. Cuando esta integración ocurre en las células reproductoras, el virus puede transmitirse hereditariamente: se estima que alrededor del 1% de la población mundial porta una copia del virus en todas sus células.
Un virus «eterno» con una larga historia evolutiva
El equipo de investigación analizó casi 4.000 muestras óseas de sitios arqueológicos europeos y reconstruyó once genomas virales antiguos. El más antiguo corresponde a una niña de la actual Italia que vivió durante la Edad de Hierro (entre 1100 y 600 a. C.), mientras que otros provienen de yacimientos medievales en Inglaterra, Bélgica, Estonia y Rusia.
A partir de estos datos, los investigadores pudieron rastrear la evolución del virus a lo largo de más de 2.500 años y comprobaron que algunas integraciones virales ocurrieron hace milenios y han persistido hasta nuestros días. Sin embargo, las dos variantes parecen haber seguido caminos evolutivos diferentes: HHV-6A habría perdido rápidamente la capacidad de integrar su ADN en los cromosomas humanos, mientras que HHV-6B conservó esta característica.
Referencia
Tracing 2500 years of human betaherpesvirus 6A and 6B diversity through ancient DNA. Meriam Guellil et al. Science Advances (2026). DOI:https://doi.org/10.1126/sciadv.adx5460
Este hallazgo explica por qué las formas heredadas observadas actualmente están dominadas por HHV-6B, sugiriendo una dinámica evolutiva compleja entre el virus y su huésped. Además, se ha observado que la presencia heredada de HHV-6B podría estar asociada a un mayor riesgo de ciertas enfermedades cardíacas, lo que subraya la relevancia de estos hallazgos para la salud pública y la medicina evolutiva. Comprender cuándo y cómo el virus se incorporó al genoma humano podría proporcionar información valiosa sobre sus efectos a largo plazo en la biología humana.
