Un comentario humourístico realizado por el expresidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, sobre un posible bombardeo a Rusia provocó una fuerte reacción de indignación en la Unión Soviética.
La difusión accidental de estas bromas generó un incremento en las tensiones diplomáticas durante el periodo de la Guerra Fría, desencadenando el enfado de las autoridades soviéticas.
Este incidente resalta la fragilidad de las relaciones internacionales de la época, donde el humour del mandatario estadounidense fue interpretado como una provocación que exacerbó la fricción entre las dos superpotencias.
