El cine surcoreano está de luto. Ahn Sung-ki, uno de los actores más respetados y perdurables de la historia del cine de Corea del Sur, ha fallecido a los 74 años. Su carrera, que abarcó seis décadas y más de 130 películas, incluyó éxitos icónicos como “Silmido” y “Radio Star”.
La noticia de su muerte fue confirmada por su agencia, Artist Company, y por el Hospital Universitario Soonchunhyang de Seúl, quienes informaron que Ahn había estado luchando contra un cáncer de sangre, según la agencia Associated Press.
Ahn inició su trayectoria en la industria cinematográfica como actor infantil a la temprana edad de cinco años, debutando en 1957 con “The Twilight Train”. Posteriormente, participó en aproximadamente 70 películas durante su infancia antes de alejarse de la actuación durante su adolescencia, según reporta AP.
Tras estudiar vietnamita en la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros –donde se graduó con honores–, Ahn tuvo dificultades iniciales para reinsertarse en la industria. Regresó a la actuación en 1977, y su gran oportunidad llegó con “Good, Windy Days” (1980) de Lee Jang-ho, un drama generacional que le valió el premio Grand Bell al mejor actor revelación.
A lo largo de las décadas siguientes, Ahn se convirtió en una figura central del cine coreano moderno, reconocido por sus interpretaciones marcadas por la contención, la autoridad y la claridad emocional. Su filmografía incluye títulos como “Mandara”, “Whale Hunting”, “White Badge”, “Two Cops”, el exitoso drama militar “Silmido” y el drama musical “Radio Star”, donde interpretó al devoto mánager de un cantante veterano.
Ahn fue galardonado con cinco premios Grand Bell al mejor actor, un récord, y fue ampliamente admirado por una carrera definida por la consistencia y la ausencia de escándalos. Su imagen pública estable y su credibilidad a largo plazo le granjearon un nivel de confianza poco común en la industria, de acuerdo con AP.
En una entrevista de 2023 citada por AP, Ahn expresó que las expectativas depositadas en él lo motivaron a vivir y trabajar de una manera que justificara el respeto del público. También reveló que evitaba las escenas románticas que consideraba innecesarias, explicando que se sentía incómodo interpretándolas sin una justificación narrativa.
Más allá de su trabajo frente a la cámara, Ahn desempeñó un papel activo en la comunidad cinematográfica de Corea, sirviendo como presidente de la Asociación de Actores de Cine de Corea y defendiendo los derechos de los intérpretes durante períodos de cambio en la industria.
Le sobreviven su esposa, Oh So-yeong, y sus dos hijos.
