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Tensión en Medio Oriente: Ataques en Líbano y cierre del Estrecho de Ormuz

by Editor de Mundo abril 9, 2026
written by Editor de Mundo

La tensión en Medio Oriente ha alcanzado un nuevo punto crítico tras la ejecución de incursiones israelíes en el Líbano, acciones que han provocado que la tregua en la región se encuentre en una situación vulnerable. El gobierno de Teherán ha calificado estos ataques como una «grave violación», mientras que Hezbollah ha respondido lanzando ofensivas contra diversos kibutz israelíes.

Bloqueo estratégico y despliegue estadounidense

En el ámbito logístico y comercial, se ha reportado que el estrecho de Ormuz se encuentra completamente cerrado, lo que ha obligado a las embarcaciones a dar marcha atrás. Ante este escenario de inestabilidad, Donald Trump ha asegurado que las fuerzas de Estados Unidos —incluyendo buques, aviones y soldados— permanecerán desplegadas en la zona hasta que se logre alcanzar un acuerdo.

Paralelamente, se analiza la postura del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien ha mantenido una estrategia de demostración de fuerza que desafía a su aliado estadounidense, en un contexto marcado por las próximas elecciones.

Contexto del conflicto y capacidades militares

Esta escalada se produce en un marco de hostilidades reanudadas el pasado 2 de marzo de 2026, tras la guerra con Irán de ese mismo año y el asesinato de Ali Khamenei. A pesar de que Israel y el Líbano habían acordado un alto el fuego el 26 de noviembre de 2024, los enfrentamientos esporádicos han persistido y Israel mantiene actualmente una fuerza de ocupación en sectores del sur del Líbano.

Contexto del conflicto y capacidades militares

Recientemente, el jefe del Comando Norte de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), el mayor general Rafi Milo, admitió que el ejército sobreestimó el daño causado a las capacidades ofensivas de Hezbollah durante la ofensiva terrestre de 2024. Esta brecha en la evaluación ha quedado en evidencia con el regreso de los ataques del grupo militante, que ha llegado a disparar cientos de cohetes diarios contra comunidades del norte de Israel.

Impacto humano y amenazas persistentes

El conflicto ha dejado un saldo trágico. ataques con misiles balísticos iraníes han causado la muerte de 16 civiles israelíes y ciudadanos extranjeros, además de cuatro palestinos. Por su parte, el mando militar israelí reconoció el fallecimiento accidental de Ofer Moskovitz, un residente de 60 años, debido a un bombardeo de artillería de la propia IDF.

Informes de inteligencia de la Fuerza Aérea israelí sugieren que Irán conserva la capacidad de lanzar misiles balísticos mientras dure la guerra, estimando que el régimen aún posee más de 1.000 proyectiles capaces de alcanzar territorio israelí.

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Nacionalismo Económico: Auge, Riesgos y el Futuro Global

by Editor de Mundo febrero 8, 2026
written by Editor de Mundo

El mundo que habitamos hoy poco se asemeja al imaginado por los arquitectos de la economía global a finales del siglo XX. En aquel entonces, la desmantelación de las barreras comerciales se celebró como una vía hacia la prosperidad compartida.

Hoy, nuevas murallas se alzan, no de hormigón, sino de aranceles, subsidios y prohibiciones de exportación. La gran narrativa de una globalización sin fisuras suena cada vez más como una reliquia de una época pasada.

Lo que estamos presenciando no es una perturbación temporal, sino un cambio tectónico en la gobernanza económica, con la fuerza suficiente para alterar la orientación estratégica de las naciones en todo el mundo.

Lo que comenzó como tuits agudos y provocadores durante el primer mandato de Donald Trump está demostrando no ser una anomalía histórica, sino el punto de ignición de una transformación más profunda y latente.

Sin embargo, señalar únicamente a Trump sería intelectualmente deshonesto. Bajo la retórica de “America First” subyacía una profunda inquietud por el ascenso de China y su percibida manipulación del sistema económico internacional.

Pekín fue acusado de explotar la apertura de la globalización para acumular riqueza y fuerza industrial, al tiempo que protegía su mercado interno a través de obstáculos burocráticos y formas opacas de proteccionismo.

Hoy, el nacionalismo económico se ha globalizado, extendiéndose a través de ideologías y regiones por igual. En Japón, figuras como Sanae Takaichi han promovido una poderosa narrativa de autosuficiencia económica en respuesta a las vulnerabilidades de la cadena de suministro del país.

En la Unión Europea, la “autonomía estratégica” se ha convertido en una frase habitual en Bruselas, un esfuerzo por reducir la dependencia crónica de China y, al mismo tiempo, protegerse contra la incertidumbre política en Washington.

Indonesia también se ha unido a esta tendencia. Las políticas que promueven el procesamiento posterior del níquel y otros recursos naturales han surgido como una nueva narrativa político-económica de soberanía nacional.

La eficiencia, que una vez fue el principio supremo de la globalización, ahora está cada vez más subordinada a los imperativos de la seguridad y la soberanía.

Un dilema existencial

Para comprender el nacionalismo económico con claridad intelectual, uno debe ir más allá de su identificación estrecha con el proteccionismo convencional.

Inspirándose en Marvin Suesse’s “The Nationalist Dilemma (2023)”, el nacionalismo económico puede entenderse como un intento de alinear las fronteras económicas con las fronteras de la identidad y la soberanía nacionales.

Suesse ofrece una perspectiva notablemente humana. En su opinión, el nacionalismo económico no es una patología colectiva, sino una respuesta racional a las desigualdades internacionales percibidas. Cuando las naciones se sienten humilladas por el retraso económico o amenazadas por la dominación del capital extranjero, el proteccionismo se convierte en un escudo intuitivamente defendible.

Sin embargo, ese escudo oculta una profunda paradoja. Suesse argumenta que los nacionalistas económicos están atrapados entre dos aspiraciones conflictivas. Por un lado, existe un poderoso impulso hacia el aislamiento para proteger la industria nacional. Por otro lado, existe una ambición igualmente fuerte por el desarrollo y la expansión rápidos.

Sin acceso a capital extranjero, tecnología y cooperación internacional, alcanzar a los países industrializados se vuelve casi imposible para la mayoría. Esta, sugiere Suesse, es la encrucijada que enfrentan muchos países en desarrollo hoy en día.

Indonesia, por ejemplo, encarna el deseo de plena soberanía sobre los recursos naturales, al tiempo que persiste en la dependencia de la inversión externa y la transferencia de tecnología para que esa soberanía sea económicamente significativa.

Una visión más tecnocrática, aunque escéptica, es ofrecida por Jeremie Cohen-Setton, Madi Sarsenbayev y Monica de Bolle en “The New Economic Nationalism (2025).” Los autores argumentan que el mundo está intentando resucitar al Estado como el actor económico central, un enfoque que durante mucho tiempo se consideró tabú bajo la ortodoxia liberal.

Para ellos, este “nuevo nacionalismo económico” es un experimento de alto riesgo. Cuando los Estados intervienen demasiado profundamente en los mercados bajo la bandera del nacionalismo, los resultados probables no son la equidad y la resiliencia, sino la ineficiencia, el aumento de la deuda pública y la corrupción disfrazada de política industrial. En este sentido, el nacionalismo económico se asemeja a un potente fármaco administrado en dosis excesivas, destinado a ser una medicina pero que, en última instancia, resulta tóxico.

Una interpretación aún más radical y apocalíptica proviene de Jamie Merchant’s “Endgame: Economic Nationalism and Global Decline (2024).” Escribiendo desde una perspectiva influenciada por el marxismo, Merchant no ve el nacionalismo económico como una elección de política o una mera reacción a la desigualdad.

En cambio, lo trata como un síntoma de que el capitalismo global está entrando en una fase de decadencia sistémica. En su análisis, la globalización ha comenzado a colapsar desde dentro a medida que el potencial de ganancias del libre comercio alcanza la saturación debido a la automatización y la erosión del plusvalor del trabajo humano.

El nacionalismo económico, en esta visión, representa una desesperada lucha por parte de los Estados para apoderarse de los menguantes restos de la prosperidad a medida que el barco económico global se hunde lentamente hacia el estancamiento.

La trampa de suma cero

Cuando estas perspectivas se enfrentan a las realidades geoeconómicas contemporáneas, emerge un patrón preocupante, con profundas implicaciones para la estabilidad global.

Kenneth A Reinert, en “The Lure of Economic Nationalism: Beyond Zero-Sum (2024”), advierte sobre los peligros psicológicos inherentes a esta tendencia. Describe el nacionalismo económico como un abrazo seductor pero destructivo del pensamiento de suma cero, la creencia de que la ganancia de un país debe ser automáticamente la pérdida de otro.

Si China construye una enorme fábrica de baterías, Estados Unidos ve una amenaza existencial para su industria automotriz; si Indonesia prohíbe las exportaciones de minerales brutos, las economías avanzadas perciben un ataque a su acceso al mercado.

Existe una verdad en la sensación de que el sistema global está bajo una tensión severa. China encarna muchos de los temores que describe Reinert, aprovechando la globalización externamente mientras persigue políticas industriales nacionalistas internas.

La respuesta de Estados Unidos, iniciada bajo Trump y ampliada bajo Joe Biden, refleja una creciente impaciencia en Washington. Han seguido los aranceles, los bloqueos tecnológicos y los subsidios generales en virtud de iniciativas como la Ley de Reducción de la Inflación.

La víctima, al menos inicialmente no intencionada, ha sido el propio sistema multilateral. Las instituciones como la Organización Mundial del Comercio se han debilitado, dejando a la economía global cada vez más a la deriva sin reglas mutuamente aceptadas.

Sobre el terreno, el nacionalismo económico ha demostrado ser más que un mero eslogan político pasajero. En Japón, el cambio hacia la “seguridad económica” ha llevado a las empresas a reubicar la producción fuera de China, incluso a un costo mayor.

La Unión Europea, considerada durante mucho tiempo como la defensora más fiel del libre comercio, ahora se está armando con instrumentos anticorcoercitivos para defender la soberanía del mercado. Estos acontecimientos refuerzan la afirmación de Merchant de que el mundo se está fragmentando en bloques económicos rivales marcados por la sospecha mutua.

La situación se complica aún más por las justificaciones morales que cada país avanza. Las naciones en desarrollo afirman que el proteccionismo es una necesidad para escapar de la pobreza, mientras que las economías avanzadas lo defienden como esencial para preservar el nivel de vida de la clase media.

Esta colisión de narrativas crea un terreno fértil para los movimientos populistas y de extrema derecha, que prometen la ilusión de la autosuficiencia absoluta como un camino hacia el poder político.

Buscando un punto medio

El nacionalismo económico debe entenderse con suficiente claridad para comprender ambos lados de la ecuación. Es innegable su papel fundamental en la supervivencia nacional.

Como argumenta Suesse, puede servir como un instrumento para que las naciones marginadas exijan una participación más justa en la división internacional del trabajo. Para Indonesia, por ejemplo, las políticas de industrialización posterior, aunque de tono nacionalista, pueden ser la única manera de escapar de la dependencia permanente de las exportaciones de materias primas de bajo valor.

Sin embargo, los peligros son igualmente reales. El nacionalismo económico puede convertirse en un intoxicante para los responsables políticos.

Un riesgo inmediato es la inflación global sistémica. Obligar a la producción nacional a costos muy superiores a las alternativas internacionales termina gravando a los ciudadanos comunes. La eficiencia global, que una vez se logró mediante cadenas de suministro integradas, se sacrifica por una sensación de seguridad que puede resultar ilusoria.

Un segundo peligro radica en la supresión de la innovación. El progreso científico y tecnológico prospera con el libre intercambio de ideas a través de las fronteras.

Cuando el nacionalismo económico se extiende a la investigación y el desarrollo, lo que a menudo se denomina tecnonacionalismo, el mundo corre el riesgo de fragmentarse en estándares tecnológicos incompatibles. Esto no solo ralentiza el crecimiento, sino que socava las respuestas colectivas a los desafíos globales como el cambio climático y las futuras pandemias, problemas que ninguna nación puede resolver por sí sola.

En conjunto, las cuatro perspectivas ofrecen una poderosa síntesis. Suesse proporciona una base histórica, Cohen-Setton y sus coautores advierten contra la decadencia burocrática, Reinert destaca los peligros psicológicos de la economía xenófoba y Merchant subraya la gravedad de la crisis sistémica en cuestión.

Todos convergen en una sola conclusión: el mundo se encuentra en una encrucijada decisiva, que dará forma a los horizontes económicos y políticos de las generaciones venideras.

Ronny P Sasmita es analista senior en la Indonesia Strategic and Economics Action Institution

febrero 8, 2026 0 comments
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Política de Trump en África: Recortes, Embajadores y Golpes Militares

by Editor de Mundo diciembre 29, 2025
written by Editor de Mundo

La doctrina de “Estados Unidos Primero” de la administración Trump –priorizando relaciones transaccionales, reduciendo la asistencia extranjera y remodelando la representación diplomática– ha provocado cambios significativos en las relaciones entre Estados Unidos y África. Estos incluyeron reducciones sustanciales en la asistencia extranjera para la salud global, el inédito retiro de embajadores estadounidenses en todo el continente, la imposición de prohibiciones de viaje ampliadas a varios países africanos y acciones militares selectivas, como el ataque de diciembre de 2025 contra militantes de ISIS en Nigeria.

La acción en Nigeria se produjo en paralelo a operaciones de seguridad más tradicionalmente justificadas en regiones como Yemen, donde las amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos eran más directas y ampliamente reconocidas.

Reducciones en la Asistencia Extranjera Estadounidense para la Salud

Durante dos décadas previas a la administración Trump, Estados Unidos fue el mayor donante mundial de salud a África. Programas como el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), el Fondo Mundial para Combatir el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y las iniciativas de salud materna e infantil de USAID ampliaron drásticamente el acceso a tratamientos que salvan vidas. Estos programas fueron ampliamente considerados entre las iniciativas de política exterior estadounidense más exitosas del siglo XXI.

Propuestas y Recortes Presupuestarios de la Administración Trump

A partir de 2017, la administración Trump propuso repetidamente recortes profundos en la financiación de la salud global, incluidos recortes a PEPFAR, programas contra la malaria y preparación ante pandemias. La justificación era coherente con la visión general de la administración: la asistencia extranjera se consideraba un costo en lugar de una inversión, y los programas de salud global se consideraban insuficientemente alineados con los intereses nacionales estadounidenses inmediatos. Este cambio creó incertidumbre para los gobiernos africanos y las organizaciones de salud que habían llegado a depender del apoyo estadounidense predecible.

Consecuencias para los Sistemas de Salud Africanos

Es difícil cuantificar el impacto que los recortes han tenido en el bienestar de las personas que dependían de los servicios apoyados, pero es enorme tanto en términos de vidas individuales como de instalaciones de salud y personal capacitado.

Lo que está claro es que los ministerios de salud y las ONG se enfrentaron y se enfrentan a la incertidumbre en la planificación de intervenciones plurianuales y no pueden confiar en el compromiso a largo plazo del gobierno estadounidense. Otros actores globales, como China, la UE y fundaciones privadas, realizan algunos esfuerzos para suplir las carencias de Estados Unidos, pero la ruptura de la continuidad es perjudicial en sí misma. En el pasado, el Congreso mitigó las reducciones más severas, pero la postura de esta administración es una desviación significativa del consenso bipartidista que anteriormente regía el compromiso estadounidense con la salud global.

Retiro de Embajadores Estadounidenses de Países Africanos

A finales de 2025, la administración Trump inició el retiro de casi 30 embajadores estadounidenses en todo el mundo, y África soportó la peor parte de la acción. Según informes de Firstpost Africa, los embajadores fueron retirados de 13 naciones africanas –incluidos Nigeria, Somalia y Uganda– como parte de un esfuerzo más amplio para reemplazar a los designados de la era Biden con personas alineadas con la agenda de “Estados Unidos Primero”.

Informes adicionales de The African Mirror indican que se retiraron 15 embajadores africanos, lo que representa la mayor retirada diplomática de un solo continente en la historia moderna de Estados Unidos.

La justificación declarada por la administración fue la necesidad de embajadores que “promuevan la agenda de Estados Unidos Primero”. Esto representa una desviación significativa de la práctica diplomática tradicional, que valora la continuidad, la experiencia y el profesionalismo no partidista. Dicho esto, la administración considera que estos retiros sirven a propósitos políticos y estratégicos, a saber: garantizar que las misiones estadounidenses estén dirigidas por personas leales a la cosmovisión de la administración; reducir la autonomía de los diplomáticos de carrera que podrían resistirse a los cambios de política abruptos; señalar a los gobiernos africanos que el compromiso estadounidense estaría condicionado a la alineación con las prioridades estadounidenses.

Este masivo retiro de embajadores en un corto período de tiempo tiene consecuencias de gran alcance, ya que muchas embajadas carecen de embajadores confirmados por el Senado, lo que debilita la influencia estadounidense en un momento de creciente participación china y rusa. Además, muchos de los diplomáticos de carrera tenían un profundo conocimiento del país y de la región, y su partida interrumpe las iniciativas en curso y probablemente pierde información clave sobre el continente.

Artículos Relacionados

Aquí hay una lista de artículos seleccionados por nuestro Consejo Editorial que han generado un interés significativo del público:

Ataque Militar Estadounidense a Militantes de ISIS en Nigeria

El 25 de diciembre de 2025, el presidente Trump anunció que las fuerzas estadounidenses habían llevado a cabo “numerosos ataques perfectos” contra militantes de ISIS en el noroeste de Nigeria.

El Comando África de Estados Unidos confirmó que los ataques se llevaron a cabo a petición de las autoridades nigerianas y se dirigieron a campos de ISIS en el estado de Sokoto. Al explicar la operación, la administración argumenta que es una respuesta nigeriana aprobada a la violencia contra los cristianos en Nigeria.

Trump ha enfatizado que el “asesinato de cristianos” es el factor motivador. Sin embargo, a diferencia de las operaciones militares estadounidenses en Yemen, el ataque a Nigeria tuvo una conexión mucho más tenue con la seguridad nacional estadounidense. La Provincia de ISIS-África Occidental (ISWAP) y otros grupos militantes en Nigeria no han demostrado la capacidad o la intención de atacar directamente a Estados Unidos. En resumen, el ataque a Nigeria parece más simbólico y políticamente motivado que estratégicamente necesario.

La comparación es significativa. Las operaciones militares estadounidenses en Yemen se han justificado durante mucho tiempo por la presencia de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), que ha intentado ataques contra Estados Unidos; la importancia estratégica del estrecho de Bab el-Mandeb, un punto crítico marítimo, y el apoyo de Irán al movimiento Houthi, que vincula a Yemen con las tensiones más amplias entre Estados Unidos e Irán. Ninguno de estos factores se aplica a Nigeria.

Marco de “Estados Unidos Primero”: ¿Cuál es el Impacto en el Futuro?

La política africana de la administración Trump ha estado moldeada por varios principios centrales de “Estados Unidos Primero”. Estos son principalmente: el compromiso estadounidense debe depender de los beneficios percibidos para Estados Unidos; altos niveles de escepticismo sobre el multilateralismo, lo que se traduce en una reducción de la participación en iniciativas globales que afectan a África; y ver a África principalmente como una región de rivalidad entre Estados Unidos y China.

Las políticas de la administración Trump hacia África reflejan una profunda reorientación del compromiso estadounidense. Las reducciones en la asistencia extranjera para la salud señalaron una retirada de compromisos de larga data que habían salvado millones de vidas. El retiro masivo de embajadores interrumpió las relaciones diplomáticas y socavó la influencia estadounidense en un momento crítico. El ataque militar en Nigeria, si bien fue tácticamente exitoso, destacó el enfoque selectivo y políticamente influenciado de la administración hacia la seguridad.

En resumen, a medida que la competencia global se intensifica y la importancia geopolítica de África crece, es difícil ver cómo las consecuencias a largo plazo de este cambio beneficiarán a Estados Unidos en los próximos años.


Nota del Editor: Las opiniones expresadas aquí por los autores son propias y no representan las de Impakter.com — En la Foto de Portada el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aborda el Air Force One en Naval Station Norfolk Chambers Field en Norfolk, Virginia, el 5 de octubre de 2025. Crédito de la Foto de Portada: White House / Daniel Torok.

diciembre 29, 2025 0 comments
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