Washington, 17 de diciembre – El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció una ampliación de las restricciones de entrada a Estados Unidos para ciudadanos de varios países, incluyendo varias naciones africanas, alegando motivos de seguridad nacional. Las nuevas medidas entrarán en vigor el 1 de enero, según informó la Casa Blanca.
En concreto, los nacionales de Burkina Faso, Malí, Níger y Sudán del Sur se enfrentan ahora a una prohibición total de entrada al país. Siria también figura en la lista de países con restricciones completas. La administración de Washington justifica estas decisiones como un esfuerzo por “proteger la seguridad de Estados Unidos” ante posibles amenazas.
Paralelamente, se han impuesto restricciones parciales a ciertos tipos de visados para ciudadanos de Angola, Benín, Costa de Marfil, Gabón, Mauritania, Nigeria y Senegal, lo que implica un endurecimiento de los procedimientos de control y verificación.
La Casa Blanca también anunció un refuerzo de las medidas contra países ya bajo vigilancia. Laos y Sierra Leona pasarán de restricciones parciales a prohibiciones totales de entrada. Además, los palestinos que posean documentos de viaje específicos también se verán afectados por estas nuevas medidas, aunque no se han proporcionado detalles públicos sobre su aplicación.
La proclamación presidencial contempla, sin embargo, varias excepciones. Los residentes permanentes legales, los titulares de visados ya válidos, así como categorías específicas como diplomáticos y atletas, no se verán afectados. También se podrán otorgar excepciones a aquellos cuya entrada “sirva a los intereses nacionales de Estados Unidos”.
Estas decisiones se enmarcan en una política migratoria más amplia que se ha implementado desde el regreso de Donald Trump al poder en enero. El presidente estadounidense ha lanzado una ofensiva contra la inmigración ilegal y aboga por un endurecimiento de las condiciones de entrada al país y la concesión de visados.
Según la Casa Blanca, el objetivo declarado es impedir el acceso a extranjeros que “tengan la intención de amenazar” a los estadounidenses, así como a aquellos que puedan “dañar la cultura, el gobierno, las instituciones o los principios fundacionales” de Estados Unidos.
La decisión se produce semanas después de que Trump anunciara una “pausa permanente” en la migración procedente de “todos los países del tercer mundo”, tras un tiroteo en Washington en el que perdieron la vida dos miembros de la Guardia Nacional.
