La vergüenza sobre el ano puede convertirse en un riesgo grave para la salud, advierte la proctóloga belga Magali Surmont. Según la especialista, muchos pacientes retrasan la consulta médica por sentir pena al hablar de síntomas como sangrado, dolor o picazón en la zona anal, lo que puede llevar a un diagnóstico tardío de cáncer de ano.
En los Países Bajos, aproximadamente 300 personas reciben cada año un diagnóstico de cáncer de ano, una forma poco común pero en aumento de cáncer que suele detectarse en etapas avanzadas precisamente por esta demora en buscar ayuda.
La doctora Surmont subraya la importancia de prestar atención a los cambios en los hábitos intestinales y no ignorar señales como dificultad para evacuar. Recomienda colocar un pequeño banquito frente al toilet para mejorar la postura durante la defecación, lo que puede facilitar el proceso y reducir esfuerzos innecesarios.
Además, insiste en que la higiene anal debe ser suave: evitar el uso excesivo de papel seco y optar por lavar la zona con agua tibia y sin jabón, ya que los pañuelos húmedos pueden irritar la piel.
Según la especialista, hasta el 40 por ciento de las personas experimenta molestias relacionadas con alteraciones en la comunicación entre el intestino y el cerebro, lo que puede afectar la función digestiva y generar síntomas como estreñimiento o diarrea.
Surmont también destaca que hablar abiertamente sobre la salud intestinal y anal es esencial para prevenir complicaciones, y que normalizar estas conversaciones puede salvar vidas al permitir detecciones tempranas de enfermedades como el cáncer de ano.
