El debate sobre el salario mínimo en América Latina ha cobrado nueva relevancia con la publicación de un reciente ranking para 2026. La comparación entre países revela cifras concretas, posiciones definidas y un contexto político que influye en las discusiones salariales. En este escenario, Perú se encuentra en una posición desfavorable, enfrentando además un período de transición institucional.
La información difundida por el gobierno mexicano, a través de las redes sociales de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, destaca el progreso de México en la región. “En sólo un año, México pasó del sexto al tercer lugar en salario mínimo entre los países de América Latina. Con justicia social fortalecemos la economía de las familias; por el bien de todos, primero los pobres”, declaró la mandataria.
Mientras algunos países celebran sus avances, Perú observa su posición con atención. Con un salario mínimo mensual que ronda los 335 dólares, el país ocupa uno de los últimos lugares en el ranking, superado únicamente por Brasil, Argentina y Nicaragua. Esta cifra representa no solo un valor monetario, sino también el punto de partida para un debate crucial en un momento político delicado.
El listado de salarios mínimos mensuales en dólares para 2026 ubica a Perú en el puesto 13 de 16 países de América Latina, según datos de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. Uruguay lidera con 629,04 dólares, seguido por Chile con 565,95 y México con 536,62. Colombia, Guatemala, Belice y Ecuador se sitúan más atrás, todos por encima de los 480 dólares.
En la zona media del cuadro se encuentran Bolivia, Honduras, Paraguay y El Salvador. Panamá ocupa el puesto 12 con 350 dólares. Debajo se ubica Perú, con 335,61 dólares mensuales. El tramo final lo ocupan Brasil con 307,99, Argentina con 231,88 y Nicaragua con 217,61 dólares.
La posición de Perú confirma una brecha persistente en comparación con varios países vecinos y plantea interrogantes sobre el poder adquisitivo real del salario mínimo frente al costo de vida y las expectativas de los trabajadores del sector privado.
La discusión sobre el salario mínimo en Perú se desarrolla en un contexto de transición política. Tras la destitución de la presidenta Dina Boluarte por decisión del Congreso, el presidente del Parlamento, José Jerí, asumió la jefatura del Estado. Desde este cargo, anunció su compromiso de liderar un gobierno de transición y garantizar la realización de las elecciones generales de 2026, según lo previsto.
En este contexto, la definición del salario mínimo corresponde al Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. Esta cartera lidera el proceso técnico y la etapa de diálogo, en la que participan los principales gremios empresariales, las centrales sindicales y el Poder Ejecutivo, que finalmente aprueba el monto tras el proceso de consulta.

En Perú, la Remuneración Mínima Vital es unificada y aplica a todos los trabajadores del sector privado. No existe una norma que establezca factores obligatorios para su determinación ni un mecanismo automático de reajuste. El cálculo se basa en los lineamientos técnicos propuestos por el Consejo Nacional de Trabajo y Promoción del Empleo en 2007, que consideran la inflación subyacente proyectada y la variación porcentual de la productividad multifactorial. Actualmente, el salario mínimo se sitúa en 1.130 soles, equivalentes a unos 332 dólares.
En América Latina, los salarios mínimos más elevados se encuentran en países con sistemas de negociación institucionalizados. Uruguay encabeza la lista regional, donde los salarios se determinan mediante convenios colectivos negociados en los Consejos de Salarios, con la participación de sindicatos, empleadores y el gobierno, según la firma de servicios profesionales Castellán.
Estos consejos fijan salarios, categorías laborales, incrementos y beneficios a través de la negociación colectiva. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, el Salario Mínimo Nacional se introdujo en Uruguay mediante el Decreto 1534/969 del 28 de noviembre de 1969. En enero pasado, el Gobierno uruguayo anunció un incremento del 6 % en el salario mínimo.

El análisis del salario mínimo no se limita al monto expresado en dólares. Es fundamental distinguir entre el salario nominal y el salario real, dos conceptos que permiten comprender mejor el impacto del ingreso en la vida diaria de los trabajadores.
El salario nominal corresponde al monto total que recibe un trabajador por sus servicios en un período determinado, antes de cualquier deducción por impuestos, seguros u otras retenciones. Este valor figura en el contrato laboral y refleja el acuerdo entre empleador y empleado. Se trata de una cifra bruta que no considera descuentos ni ajustes posteriores.
Su cálculo depende de diversos factores, como el nivel del puesto, la experiencia del trabajador y las políticas salariales de cada empresa. En países como México, la Ley Federal del Trabajo obliga a las empresas a ajustar el salario nominal conforme a las normas vigentes, con el objetivo de asegurar una compensación proporcional al trabajo realizado.
El salario real, por su parte, evalúa ese ingreso nominal en relación con fenómenos de mercado como la inflación. Este indicador muestra el poder adquisitivo real del trabajador. Un aumento del salario nominal pierde valor si los precios aumentan a un ritmo mayor. En ese escenario, el trabajador enfrenta mayores dificultades para cubrir sus necesidades básicas.
Cuando el salario real crece, el acceso a bienes y servicios mejora. Cuando disminuye, el poder de compra se reduce y la calidad de vida se deteriora. Por lo tanto, el salario real ofrece una perspectiva más precisa sobre el impacto concreto del salario mínimo en la economía cotidiana, un aspecto central para países como Perú, donde el debate salarial continúa abierto en un entorno político y económico cambiante.
