La artrosis es una de las enfermedades crónicas más frecuentes y afecta la calidad de vida de millones de personas en todo el mundo. Si bien el ejercicio físico suele ser recomendado como parte fundamental del tratamiento, un nuevo estudio internacional coordinado por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Bochum y el Hospital Universitario de Copenhague sugiere que sus beneficios para aliviar los síntomas de la artrosis son limitados y de corta duración.
La investigación, publicada en la revista RMD Open, analizó datos de más de 12.900 participantes de 28 ensayos clínicos aleatorizados y cinco revisiones sistemáticas previas, todos diagnosticados con artrosis de rodilla, cadera, mano o tobillo. El análisis, que revisó publicaciones hasta noviembre de 2025, comparó el ejercicio físico con placebo, la ausencia de tratamiento y otras terapias.
Los resultados indicaron que el ejercicio solo proporciona un alivio discreto y transitorio del dolor de rodilla, con una certeza de la evidencia considerada muy baja. En el caso de la artrosis de cadera, el efecto fue prácticamente insignificante, mientras que en la artrosis de mano los beneficios fueron pequeños. La magnitud del efecto del ejercicio varía según la articulación afectada y las características individuales de cada paciente.
Los autores del estudio señalan que estos hallazgos cuestionan la promoción universal del ejercicio como primera opción de tratamiento para el dolor y la función física en todos los pacientes con artrosis. Asimismo, señalan que la evidencia sobre los beneficios del ejercicio es “inconclusa, limitada y de corta duración”.
A pesar de la limitada eficacia para controlar el dolor y mejorar la función, los especialistas consultados resaltan que la actividad física presenta ventajas adicionales, como un perfil de seguridad favorable, bajo costo y la posibilidad de adaptar la intervención a las preferencias de cada paciente. La decisión sobre la inclusión del ejercicio en el tratamiento de la artrosis debe ser individualizada y consensuada entre médico y paciente.

Los autores del estudio recomiendan que futuras investigaciones se centren en identificar qué subgrupos de pacientes podrían beneficiarse más del ejercicio y qué modalidades, intensidades o combinaciones con otras terapias resultan más eficaces.
